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El hospital de Alcorcón

Roberto Gracia

02/09/2004

La función principal de un hospital, y además si en teoría es público, es la de atender a sus pacientes para curarles y devolverles al estado físico que deben tener. Pues bien, el hospital de la localidad madrileña de Alcorcón no. Hace ya más de un año, una serie de pacientes de la unidad de oncología acudió a recibir su tratamiento de quimioterapia, como cada semana, para así luchar contra el cáncer. Un mal que requiere, si es que se tiene la suerte de tener curación, todas las fuerzas posibles de uno mismo y las atenciones más delicadas por parte del personal sanitario. Pues bien, en el hospital de la localidad madrileña de Alcorcón no.

La reutilización de material sanitario y la negligencia de algún miembro del personal sanitario provocó que un enfermo de hepatitis C que estaba recibiendo su tratamiento contagiara a –por ahora- ocho enfermos de cáncer con la peor de las hepatitis. Este error es brutal, ya que condenas a una persona que está luchando por vencer al cáncer a morir de su tumoración o de la nueva enfermedad que ha contraído. Aunque es un fallo importante y digno de costar más de un puesto de trabajo, es perdonable si se piden disculpas por parte de los responsables del área de Sanidad de la Comunidad de Madrid, o de la gerencia del Hospital de Alcorcón. Pues en el hospital de la localidad madrileña de Alcorcón, no. No sólo se contagió de hepatitis C a ocho pacientes sino que se les ocultó este hecho; con las conclusiones que eso conlleva. Ocho meses de engaños, durante los que uno de ellos se ha casado y espera ser padre, y otros habían rehecho su vida. Otros aún no han conseguido vencer el cáncer ni lo harán nunca, puesto que el estado de su hígado –por culpa de la hepatitis- les impide ya recibir tratamiento alguno de quimioterapia.

Los responsables del PP madrileño hicieron mutis por el foro, y silbando miraron hacia otro lado. Por su parte, Rafael Simancas, candidato a presidente de la Comunidad de Madrid, e incombustible en su afán de empezar la campaña a tres años vista de las próximas elecciones, se apresuró a exigir responsabilidades de altos vuelos, nada más que la dimisión de Esperanza Aguirre. Además, utilizó, y seguirá usando este turbio asunto para con fines electorales; para obtener los votos que Tamayo y Sáez le robaron.

Mientras, Carmen Flores, la presidenta de la oficina del Defensor del Paciente, se ha puesto de lado de los pacientes, como era obvio, pero en busca de una compensación económica. Es algo razonable que te paguen por invitarte a ver la muerte antes de tiempo, pero no para que otros se lleven una comisión de ese dinero.

En fin, que la Sanidad Pública, y si los hospitales gestionadas por Fundaciones pueden ser calificados como públicos, no goza de buena salud, y sino que se lo digan al hospital de la localidad madrileña de Alcorcón.
 


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