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Tancredo Solbes
Francisco Mora
03/09/04
El crecimiento del PIB español ha retrocedido en el segundo trimestre de 2004, desde un 0,7% a un 0,5%. Una mala noticia, edulcorada por el dato muy positivo del aumento de la inversión productiva y amargada por el hecho de que nuestro crecimiento sigue sustentándose en un modelo difícil mantener a medio plazo sin generar desequilibrios graves.
El impulso a la economía le sigue llegando de la construcción y del consumo privado, y ahora también de la inversión, pero la exportación sufre cada vez más el deterioro de nuestra capacidad competitiva. El resultado final es que el lastre del comercio exterior nos ha llevado a que el crecimiento del PIB, en tasa interanual, retroceda también, al 2,6%.
El auge de la construcción y del consumo de las familias se mantiene gracias a la revalorización de los activos inmobiliarios, responsable del actual efecto riqueza, pero esa revalorización se acerca a su tope y si la inversión y la exportación no toman cuanto antes el relevo como motores del crecimiento nos meteremos de cabeza en un nuevo bache. El problema es que ni la una ni la otra pueden movilizarse de la noche a la mañana, por lo que, como alternativa, habría que aprobar con urgencia un paquete de medidas que actúe de revulsivo, a base de mejorar el capital tecnológico, aumentar la competencia, flexibilizar los mercados incluido el laboral, liberalizar suelo para abaratar la vivienda e incluso reformar algunos impuestos.
¿Puede hacerlo este gobierno? Aunque las comparaciones resulten odiosas habrá que recordar que el anterior gobierno, que tomó posesión a finales de abril de 2000, en junio de ese año ya había aprobado un paquete de medidas económicas que incluía ayudas a las pequeñas y medianas empresas, estímulos al ahorro y a la competencia, recortes del gasto público, etcétera. Y así, antes de irse de vacaciones, Rato pudo anunciar que para ese año la previsión de crecimiento del PIB aumentaba del 3,7% al 4% y Montoro que la del déficit presupuestario se reducía del 0,8% al 0,4% del PIB.
Hoy sólo se anuncian objetivos. Unos estimulantes, como el cuadro macroeconómico de julio, y otros dudosos, como el del déficit público, con una negociando política del Presupuesto 2005 en la que Rubalcaba ha asumido el papel que debería corresponderle a Solbes. Además, va el vicepresidente y recorta la previsión de crecimiento al 2,8%, y para acabar de arreglarlo López Garrido y Marugán se meten en camisa de once varas y dicen que el crecimiento incluso será menor por culpa del petróleo. Un ejemplo de cómo no se estimula a una sociedad ni se arregla una economía que parece olvidada, con Solbes sobre actuando en el papel de don Tancredo.
OTR/PRESS
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