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Home Opinión Consuelo Sánchez Vicente |
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A Blanco le patina la neurona
Consuelo Sánchez-Vicente
01/09/2004
El culto a la juventud, tan extendido en las capas más banales de la sociedad, ha llevado a un partido que se reclama progresista, como el PSOE, a elegir como hilo conductor de sus críticas a Manuel Fraga por querer presentarse por quinta vez a presidente de la Junta de Galicia, no si durante sus cuatro mandatos anteriores lo ha hecho bien o mal, sino que Fraga tiene ya 81 años. No su gestión, que es por lo que hay que juzgar a los políticos, sino su edad. Aunque en la lucha de los partidos por el voto los españoles estamos acostumbrados a ver casi de todo (que el Ayuntamiento socialista de Barcelona haya apoyado la iniciativa de dos grupos naturistas catalanes que reclaman el derecho de los ciudadanos a circular desnudos por la calle es sólo la última extravagancia), ni buscando con lupa podría haber encontrado el secretario de organización del PSOE, José Blanco, un “argumento” más reaccionario e inconsistente.
Por agotar el razonamiento de Blanco: si el principal reparo “político” que pueden ponerle los socialistas a la gestión de Manuel Fraga es que es “viejo”, ¿Cuál sería entonces, en justa correspondencia, el principal mérito “político” de ellos mismos le reconocen a su propio candidato a presidente de Galicia Emilio Pérez Touriño, que es “joven”? ¿Eso es todo lo que el PSOE tiene que ofrecer a los gallegos, su “alternativa”? ¿Tan bien lo ha hecho Fraga como presidente de Galicia? ¿Tan bien lo está haciendo Rajoy que todo lo que se le ocurre al PSOE para criticar la renovación que el sucesor de Aznar ha emprendido en el PP, de la que tendremos cumplida noticia tras el Congreso popular de Octubre, es ridiculizar a un adversario político por su edad?
Ser viejo o joven no entraña mérito alguno, son simples etapas de la vida. Y ninguna de las dos lleva aparejado el talento ni garantiza el acierto por sí misma. ¿Solo si uno es guapo, alto, flaco o joven está capacitado para gobernar? ¿Si se es bajito, gordo o viejo, no? Pero, ¿Qué tontería es esta? Descalificar a alguien, a quien sea, por sus características personales, denota, además de una malísima educación, una ínfima categoría humana. Y, en el caso concreto que nos ocupa, además, un desconocimiento enciclopédico que, políticamente hablando, se me antoja suicida, de la realidad demográfica de nuestro país. Cuando vuelva a haber elecciones, naturalmente, el PSOE no dudará en presentarse, una vez más, como paladín de esos más de siete millones de personas mayores que según el último censo hay en España, a los que Blanco acaba de despreciar en la persona de Fraga. Pero, un día de estos, cuando el “voto jubilado”, que ahora mismo es el más fiel, y uno de los graneros de votos tradicionales del PSOE, tome conciencia de su capacidad de influencia electoral, sandeces como esta igual empiezan a pasarle factura a los partidos que confunden la velocidad con el tocino y las elecciones con un concurso de belleza.
OTR/PRESS
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