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Los PGE, el verdadero debate
Carmen Tomás
28/08/2004
La negociación para la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado de 2005 va a poner a prueba la paciencia y la coherencia del vicepresidente Solbes y dejará a la vista de todos las hipotecas de Zapatero. Ya antes de empezar José Montilla, ministro de Industria, Turismo y Comercio ha dejado claro que antes que ministro es secretario del PSC, que éste cuenta con 21 diputados y que van a actuar en consecuencia. Es decir, que un miembro del gobierno amenaza a su gobierno con hacer valer el peso que su grupo tiene en el Congreso para sacar todo lo que pueda para su comunidad autónoma. Qué se puede esperar de otros grupos parlamentarios o de otras agrupaciones más que van a tirar de la cuerda todo lo que puedan sin tener en cuenta, por supuesto, al conjunto. Se ha repetido mucho estos días de verano que el modelo territorial va a ser el gran debate de los próximos meses. Y será así, pero ese gran debate empieza por el dinero y su asignación. Si los catalanes tiran del presupuesto con la amenaza de no votar a favor ya habrán ganado la primera y muy decisiva batalla frente a otras autonomías con menos poder de chantaje.
Menos importancia cualitativa y cuantitativa tiene IU, cuyo secretario general ya ha dicho que en estas negociaciones se va a poner a prueba la cicatería del "padre Solbes". Desde luego lo va a tener crudo el vicepresidente económico para poner orden y que le cuadren las cuentas, si quiere quedar como un ministro que organiza medianamente bien el dinero de todos los españoles, que es lo que son los presupuestos del Estado. Solbes va a poner a prueba la solvencia que desde siempre -tanto en los gobiernos socialistas como en Europa- se le ha atribuido. Ya ha tenido que enmendar la plana al grupo parlamentario socialista responsable de ese tan inútil como ridículo informe sobre las causas y efectos del aumento del precio del crudo. En la primera oportunidad que tuvo (la rueda de prensa del primer consejo de ministros tras las vacaciones) ratificó sus cifras de crecimiento e inflación para este año, dejando claro el escaso impacto que tendrá sobre la economía el petróleo y negando, por supuesto, el empobrecimiento de nuestro país.
El espectáculo está a punto de comenzar y, al margen de cómo se vayan a llamar o qué competencias vayan a tener las autonomías en una hipotética revisión constitucional, la hora de la verdad para Zapatero es la asignación de los recursos de todos, el destino del dinero público y el efecto que esas decisiones de gasto puedan tener sobre la economía y el empleo. Este es el verdadero debate y el que sacará a la luz las hipotecas firmadas por Zapatero para gobernar.
OTR/PRESS
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