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Fútbol y moda
Fernando Bernácer
30/08/2004
O mucho cambian las cosas o tengo la impresión de que poco se va a hablar este año del Real Madrid. Las presiones que acucian al reelegido Florentino Pérez, más ocupado y preocupado tras afianzarse en el puesto por sus intereses inmobiliarios que por el club de sus amores le han hecho apostar por la estabilidad, la escasez de fichajes y la confianza en el tirón mediático de Beckham, Ronaldo o el adquirido Owen. Pero ya tras la primera jornada se ve que el Madrid no tiene el tirón de otros años. Aunque no juegue mal, adolece de ese glamour que da la novedad, la guapura, la exoticidad o la polémica en la que estaban envueltos sus jugadores otros años.
Son ingredientes que, sin duda, se pueden encontrar en el F.C Barcelona al observar el segundo proyecto de su presidente Joan Laporta. El culebrón en torno al camerunés Samuel Etóo, la frescura demostrada por Larsson en la Eurocopa, la rapidez inverosímil del francés Guly junto a la magia consolidada del brasileño Ronaldinho integran una máquina que puede relanzar todo un proyecto abandonado desde la marcha de Cruyff de Camp Barça.
Pero ¡ojo!, no debe olvidarse que también se puede morir de éxito. Es algo que conoce muy bien el Real Madrid. De tanto hablar bien de este equipo el año pasado, de su potencia, su fuerza, su pegada, factores que le hacían invencible ante cualquier escuadra, se pasó a crucificarlo en pocos meses. Primero por tener dos centrales medianos (que triunfarían en cualquier otro equipo puntero de Primera División), después por la acumulación de partidos, por tener una plantilla descompensada y, finalmente, descargando toda la ira sobre el entrenador portugués, Carlos Queiroz, en quien Florentino había confiado para devolver al Real Madrid una imagen de glamour que ya no representaba Vicente Del Bosque.
El F.C Barcelona tiene todo para ser el equipo del que más se hable durante esta campaña. Para lo bueno y para lo malo. La exoticidad de Etóo y su falta de contención dialéctica le convierten en un potencial de incalculables proporciones para los compañeros de la prensa deportiva, siempre en busca de un titular llamativo. La edad de Larsson y la receta que utilizará Rijkaard para contentar a tanto crack sobre el terreno de juego van a hacer del Barça un equipo mediático de primer orden, como ya se ha demostrado en las primeras retransmisiones deportivas de la temporada. La apuesta es conocer si el equipo catalán conseguirá sobrevivir a la presión de la Primera Plana y desplegar el buen juego que parecen tener en sus botas sus fichajes.
Mientras tanto, en el Real Madrid aguardan agazapados un menor protagonismo en los medios. Algo por lo que reza en silencio su entrenador, José Antonio Camacho, quien espera una retirada digna de Zidane, una callada efectividad de Ronaldo, un despegue del carísimo Owen, una resurrección casi imposible de Raúl y, por todos los santos, que no se hable de los nuevos centrales, Samuel y Woodgate.
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