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Ineficacia pura y dura
José Cavero
28/08/2004
Cuando queda poco más de una semana para que regresen a sus puestos los parlamentarios de la comisión de investigación del 11-M, Jaime Ignacio del Burgo plantea el estado de la cuestión en un análisis de las revelaciones que hace el sumario del juez Del Olmo. El juez señala algo que los parlamentarios habían pasado por alto durante sus trabajos, a saber, que los terroristas de los trenes de cercanías estaban siendo objeto de una investigación judicial hasta el punto de que sus conversaciones telefónicas estaban siendo intervenidas por la policía.
De manera que, como les llama el diputado navarro, "ese grupo de delincuentes de medio pelo fue capaz de organizar con precisión matemática un espantoso y criminal atentado que logró cambiar el curso de la historia de España", nada menos, castigando, de paso, en las urnas, al que también del Burgo califica como "el gobernante europeo que más se había distinguido en la lucha contra el terrorismo de cualquier signo". Se refiere a Aznar, claro. O sea, que el juez del Olmo llega a la profunda y severa realidad de los hechos: los delincuentes estaban siendo vigilados por la policía, pesaban sobre ellos toda suerte de sospechas, pero, cabe deducir, la policía miró hacia otro lado o no prestó suficiente atención a los movimientos de esos asesinos: robo de dinamita en una mina asturiana, traslado del material a Madrid.
¿De nada de eso se enteraron los policías que tenían a su cargo a los soplones o chivatos que les dieron las correspondientes alarmas?. Llega Del Burgo a la conclusión de que el juez del Olmo parece haberse convertido en el último bastión de la verdad, al descubrir "hechos cuya gravedad exige una rigurosa investigación hasta sus últimas consecuencias". Pudieran el juez de una parte, y sus señorías los parlamentarios por la suya, e incluso el gobierno de aquellos días trágicos, llegar finalmente a la misma y terrible conclusión: todo fue una chapuza de dimensiones siderales y una ineficacia policial insoportable. Existiendo las sospechas y las advertencias suficientes, sencillamente, no se siguió el hilo hasta llegar el ovillo.
No se prestó la debida atención a la alarma que se había dado sobre los movimientos de unos delincuentes convertidos al islamismo radical y decididos a dar un escarmiento a los españoles que se implicaron en la guerra de Irak. Así se simple y de trágico.
OTR/PRESS
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