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Home  Opinión  Francesc de P. Burguera
 
Manuel Fraga

Francesc de P. Burguera

28/08/2004

Conocí a Fraga cuando don Manuel acababa de cumplir sus 25 años. Fue en otoño de 1.947, en la vieja Universidad madrileña de la calle San Bernardo. Yo había cumplido los 19 en el verano de ese mismo año y en octubre me matriculé en el primer curso de la entonces Facultad de Ciencias Políticas y Económicas, donde el hoy presidente de la Xunta era profesor de Derecho Político y Alberto Ullastres de Historia de las Doctrinas Económicas.

Los dos pasarían a ser, en momentos distintos, ministros de Franco. Primero Ullastres, quien ocupó la cartera de Comercio a finales de los cincuenta. Fue uno de los autores del famoso Plan de Estabilización que abrió la vía hacia la libertad económica. Entre sus primeras decisiones se encuentra la devaluación de la moneda, fijando la paridad con el dólar en 60 pesetas, con positivos resultados para la economía de exportación. Fue a mediados de los años sesenta cuando Fraga será nombrado ministro de Información y Turismo.

Y también el político gallego contribuyó a abrir resquicios de libertad con su ley de Prensa de 1.966. Circunstancia que fue aprovechada por un grupo de demócratas, encabezados por Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán, para sacar a la calle el diario "Madrid", completamente renovado. Operación a la que nos sumamos diversos periodistas, intelectuales, universitarios y miembros de profesiones liberales, todos demócratas pertenecientes a distintas ideologías.

Un medio de comunicación, aquel "Madrid", que iba a proporcionar no pocos quebraderos de cabeza al régimen. Hasta tal punto, que el régimen tuvo que proceder a su cierre. Primero fue Fraga quien, en mayo de 1.968, y basándose en su propia ley aperturista de Prensa, nos clausuró el diario por cuatro meses. Más tarde, en noviembre de 1.971, su sucesor en el ministerio, Alfredo Sánchez Bella, decretó su cierre definitivo.

Desde entonces, la trayectoria política de Fraga ha ido zigzagueando a lo largo de su ya dilatada vida. Ha pasado de estar en contra de la Constitución y las autonomías a sentirse orgulloso de presidir una de ellas, la suya, Galicia, durante cuatro legislaturas y, según dice, dispuesto si es preciso a intentarlo por quinta vez a sus 82 años. Fue quien elevó a Aznar a la presidencia del PP pero, también, quien no ha dudado en mostrar su desacuerdo con la política de Aznar como presidente del Gobierno.

Por ejemplo, al censurar las guerras preventivas de Bush que con tanto entusiasmo respaldó y participó Aznar. O al rechazar la oposición del mismo Aznar a la reforma e la Constitución. Además de otras diferencias con la dirección del PP que Fraga no ha tenido inconveniente en poner de manifiesto. El caso es que ahora se le presenta al Partido Popular la necesidad de nombrar candidato a la presidencia de la Xunta de Galicia. ¿Y qué decisión van a tomar Rajoy y demás dirigentes del partido?

Cierto que habrá que esperar a la celebración del Congreso pero, ¿estarán todos de acuerdo en aceptar que sea Fraga, si él, como ha dicho, se muestra dispuesto? ¿O se alzarán voces en contra de don Manuel alegando su avanzada edad? Naturalmente, uno no ni entra ni sale en esta cuestión. No es su problema. En todo caso, sea una u otra la decisión que tome el PP, lo único que cabe desear, por mi parte, es larga vida a éste político singular, a este profesor de Derecho Político que en mi paso por la facultad tuvo la bondad de concederme un notable en su asignatura.

Con esta particularidad: que el ejercicio que nos puso para final de curso fue un proyecto de Constitución para España. ¡Eso en los años cuarenta!, en que la Constitución era palabra maldita, cuando sólo cabía hablar de las Leyes Fundamentales del Movimiento, "que por su naturaleza eran inmutables". Pero así era Fraga. Y a mi no se me ocurrió otra cosa que tomar como modelo, para mi trabajo, muchos aspectos básicos de la Constitución de la República del 31. ¡Y me dio notable!. Claro que luego, pasados los años, nos clausuró el "Madrid". Aparte de otras actuaciones no muy acordes con el pensamiento democrático. Y es que Manuel Fraga, como decía, ha sido un político zigzagueante. Pero ahí está.

OTR/PRESS
 


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