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Home  Opinión  Carlos Carnicero
 
Nostalgia del comunismo

Carlos Carnicero

28/08/2004


Una encuesta realizada entre los alemanes de la antigua República Democrática revela un aterrador descontento del funcionamiento del sistema democrático y una increíble nostalgia del sistema comunista. El origen de lo que los otros alemanes consideran como un "inmenso desagradecimiento" radica en las medidas dictadas por el gobierno socialdemócrata alemán de Gerhard Schröder que recortan el Estado del Bienestar y limitan muchos derechos sociales, entre ellos las prestaciones de desempleo. La reacción de los alemanes del Este ha sido fulminante: se sienten defraudados por las promesas del sistema democrático y piensan que el comunismo era un buen sistema que estuvo mal aplicado.

Desde que Karl Marx y Federico Engels escribieron, en 1847, el Manifiesto Comunista, la Iglesia Católica, el pensamiento conservador y las escuelas económicas iniciaron una reforma de los derechos de los ciudadanos, especialmente de los trabajadores, que con el devenir de la historia arribó en lo que hoy conocemos como el Estado del Bienestar, que obligaba a las estructuras públicas a redistribuir la riqueza de una forma que garantizase un mínimo de derechos económicos a todos los ciudadanos mediante la política fiscal.

Los sindicatos, los movimientos sociales y la presión del comunismo fueron factores decisivos en la humanización del funcionamiento de las relaciones laborales y en la modificación de los criterios sociales de los estados, cuya cenit fue el establecimiento de la socialdemocracia. La desaparición del universo comunista ha aliviado al pensamiento liberal de la necesidad de esas compensaciones y hoy la doctrina imperante es que el estado debe adelgazar, que los derechos económicos deben ser recortados y que debe establecerse una dinámica en la que cada ciudadano debe encargarse de solucionar sus propios problemas.

Es cierto que la factura de la unificación alemana ha sido enorme. Es cierto que con los parámetros económicos a los que obliga la globalización tal y como está entendida por el sistema neoliberal, mantener los servicios del estado del bienestar ahoga la competencia frente a Estados Unidos -que nunca lo han disfrutado- y frente a las economías emergentes. A los antiguos alemanes del Este estas premisas no les satisfacen y su nostalgia del comunismo es la manifestación de una insatisfacción por la actual concepción de la democracia que puede ser una onda expansiva que se origine en el corazón de Europa y se extienda otra vez por todo el mundo. Los pensamientos no mueren; a veces se adormecen.


OTR/PRESS

 


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