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Las hijas de Zapatero
Rafael Torres
27/08/2004
Por su proverbial ignorancia, la industrias del cotilleo, el espionaje, la maledicencia y la murmuración ha debido creer que José Luis Rodríguez Zapatero es una especie de Dinio o, en su defecto, de aquel Aznar padrino de bodas exhibicionistas y horteras en el Monasterio de El Escorial, ha difundido fotos robadas de sus hijas pequeñas durante las vacaciones de la familia del presidente del Gobierno en Menorca. Como es natural, Zapatero, tan bonancible en circunstancias normales, ha montado en cólera y ha advertido sobre las consecuencias legales que tamaña vulneración del derecho de los menores puede acarrear a los granujas de la imagen, pero, pues acaba de sufrir en vida privada y familiar los zarpazos de los ladrones de vidas, acaso está hoy en mejores condiciones que nunca para, desde su jerarquía, idear algún modo, mediante instrucciones a la Fiscalía del Estado, por ejemplo, de atajar la epidemia de sirlas y atracos a la intimidad que vienen padeciendo tantos ciudadanos españoles, inermes ante la acción mafiosa que se enriquece, en los medios de comunicación, con el expolio de su privacidad.
Desde primera hora del día hasta bien entrada la madrugada, las televisiones no hacen otra cosa que exhibir los trofeos de esos robos en los programas-basura que se emiten al efecto. Todo está, al parecer, permitido en lo tocante al saqueo de las vidas particulares de la gente, la persecución, las cámaras ocultas, el acoso, la intimidación, el falso testimonio, la provocación a la violencia, las calumnias... Los truhanes del ramo, sean machacas de la calle o pícaros parlantes de plató, arguyen que, pues se trata de personajes públicos, se les pueden saquear impunemente, argumento en la línea del que justifica la violación de las prostitutas por el hecho de que se dedican a alquilar su sexo. Establecida esa norma que abole todas las establecidas por la ley en orden a la protección de la libertad y el honor de las personas, cualquier intimidad podrá profanarse, la de cualquiera, una vez que cansen o aburran las de famosos. Zapatero parece que comienza a atisbar la magnitud terrible del problema.
OTR/PRESS
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