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Las tareas de la Casa Real
José Cavero
27/08/2004
En su reciente libro de Memorias, Alfonso Guerra relata con detalle por qué el PSOE mantuvo hasta el final, en la elaboración del texto constitucional, un voto particular sobre la forma de gobierno, es decir, una “grave salvedad” sobre la aceptación de la Monarquía cuando se trataba de regresar a la democracia para la que el franquismo había sido un paréntesis. En efecto, el socialismo no daba por buena, de manera automática, la fórmula de recuperación de la dinastía que había llegado a imponerse a los españoles por decisión de Franco.
Han pasado veinticinco años, y recientes encuestas han puesto de relieve que una parte nada despreciable de la población española aún mantiene esa “grave salvedad” sobre la forma de gobierno. Hay coincidencia en que episodios como el del 23-F fueron un formidable aval para el juancarlismo, pero no se termina de superar la gran cuestión de base: no hay razón intelectual ni histórica que permita determinar que una familia deba perpetuarse en la Jefatura del Estado.
En los últimos años se han producido tres fenómenos, en la Casa Real: el Rey ha tenido algunos amigos de dudosa honradez. Alguno está en prisión por apoderarse de bienes ajenos. La Familia Real ha crecido de manera importante, tras la boda de las dos infantas. Y en tercer lugar, el Príncipe se ha casado con una profesional del periodismo divorciada y “progre”.
Durante este mes de agosto que concluye, la familia real ha tenido sobre sí atenciones permanentes de los medios de información, que han dado cuenta, a diario y con detalle, de la participación de los Reyes y sus hijos en regatas de vela, en el seguimiento de los Juegos Olímpicos en Atenas, o en viajes variados y múltiples, almuerzos y cenas en buenos restaurantes y con apetitosos menús. Ha sido un formidable mes de ocio y placer.
Más de un ciudadano, entre ellos el firmante de estas consideraciones, se habrá planteado si en todo eso se concretan y ahí terminan las tareas y la misma razón de ser de la Monarquía y de la Casa Real. Y lo podrán haber cuestionado de manera más directa y hasta brutal: ¿Y todas estas personas a cargo de los presupuestos del Estado, cuándo trabajan? ¿Qué utilidad concreta y qué provecho tienen para la nación? Se ha sugerido que la llegada al Principado de Asturias, y por tanto, a la sucesión de la Corona, de una profesional que sabe de competencia, de hipotecas, de madrugones y trabajo duro, debiera forzar alguna clase de reflexión interna en “la familia”. Salvo que su plena y perfecta integración en los modos y maneras se haya producido ya con la mayor urgencia y aprovechamiento.
Da la impresión de que, ante el nuevo curso político, algo tiene que cambiar, o de que alguna cosa pudiera estar a punto de modificarse en la placidez excesiva de una familia que no es como las demás.
OTR/PRESS
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