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Ese viejo rockero
Fernando Bernácer
25/08/2004
Que el Partido Popular esté considerando volver a presentar a Manuel Fraga como candidato a la Presidencia de la Xunta de Galicia constituye el ejemplo más claro de que este partido no pasa por sus mejores momentos. El liderazgo de Mariano Rajoy como secretario general se pone en cuestión a cada momento a la vez que emerge un sector paralelo con Zaplana, Piqué o Gallardón, que se postula como el "grupito que dará de qué hablar" antes, durante y después del próximo Congreso de los populares. ¡Qué diferente es la situación del PP con respecto al anterior cónclave, el de 2001! Entonces, un triunfal emperador, José María Aznar, anunciaba entre sollozos su retirada mientras que los candidatos a sucederle bromeaban sobre el orden en el que iban a intervenir en el Congreso, ajenos al vuelco que esa balsa de aceite iba a sufrir tres años después.
Volviendo a Galicia, resulta que Fraga, si volviera a ser reelegido como presidente de la Xunta, acumularía más de 40 años en puestos de poder. Si, como suele decirse, el poder corrompe, sería cuando menos lícito pensar en que los populares no disponen de alternativa al seguir apostando por un político de 82 años. Algo entendible, por otra parte, si se tiene en cuenta que en los últimos años Don Manuel no ha admitido, ni de lejos, a ninguna persona que le hiciese sombra. El apego al poder de los presidentes eternos y sus ansias de protagonismo impiden casi siempre la formación de los conocidos como delfines, sucesores naturales que, poco a poco, van teniendo su protagonismo ante la sociedad antes de dar el salto definitivo como cabezas de lista en las elecciones.
El ejemplo de Galicia es el ejemplo de Cataluña. Jordi Pujol se negó durante años a situar junto a él a un vicepresidente o a un conseller de la máxima confianza que le pudiera suceder con garantías tras su retirada. La consecuencia ha sido clara: CiU perdió las últimas elecciones con Artur Mas como candidato frente a un dirigente como Pasqual Maragall, con una imagen bien consolidada frente al electorado. Mejor se ha hecho la sucesión en Castilla-La Mancha. José Bono, otro "viejo rockero" que había amagado antes con cruzar el Tajo desde Toledo hacia Madrid (figuradamente, porque ambas ciudades están en la misma margen del río), siempre ha dejado claro quién estaba justo por debajo de él: su vicepresidente, José María Barreda, actual Jefe del Ejecutivo castellano-manchego tras la entrada de Bono en el Gobierno socialista y que intenta afianzar su conocimiento entre los ciudadanos de la región, con cierto éxito.
El debate no debe centrarse ahora en si Fraga está capacitado, con 82 años, para seguir siendo presidente del Gobierno gallego. Ni tampoco en intentar demostrarlo arguyendo que el veterano dirigente se levanta a las seis de la mañana y deja de trabar a las once de la noche. Por el bien de su salud y por un retiro digno, parecería más aconsejable que Manuel Fraga se dedique a descansar y a disfrutar de los años (Dios quiera que muchos) que le quedan por vivir. Mientras tanto, el Partido Popular debe encontrar su sitio y designar a otro candidato para las elecciones gallegas. ¿Qué fue de la ministra revelación Ana Pastor? Buenos dirigentes tiene el PP para ocupar ese puesto y para pilotar los cambios en la Constitución en los que Rajoy también quiere involucrar a Fraga. Aunque, según lo visto, y anótese la ironía en el comentario, los populares podrían terminar presentando al presidente gallego como próximo candidato a las Elecciones Generales de 2008. Al paso que vamos...
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