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Mendigos molestos
Carlos Carnicero
24/08/2004
La ciudad de San Paulo tiene dieciséis millones de habitantes, de los que más de dos millones y medio viven en "favelas", sin agua corriente, electricidad, teléfono o alcantarillado. La ciudad está saturada de mendigos marginales y las autoridades no tienen forma de envolver esa circunstancia para que la estética de la ciudad sea presentable. Cada vez ocurre más en las grandes urbes de Latinoamérica: amplias zonas de la ciudad se dan por perdidas para la vida ciudadana y comercial estableciendo zonas de exclusión. Cuando un visitante, forastero con ansias de conocer la metrópoli, arriba, lo primero que se le aconseja es no introducirse en esas franjas de excepción que no tienen por qué estar en los suburbios; de hecho en Caracas o en Santiago de Chile, a la burguesía no se le ocurre jamás pasear por el centro histórico de la ciudad que se da por perdido.
Ahora en San Paulo la solución parece ser radical. Todavía no se sabe quien, pero existe una organización que se dedica a asesinar mendigos mientras duermen. El procedimiento, según nos cuenta Juan Arias en su crónica brasileña, es irreparablemente el mismo: se les apalea salvajemente mientras duermen; en la última semana las víctimas se acercan a la docena. Las autoridades locales buscan a los criminales y las sospechas se amplían desde bandas de extrema derecha a organizaciones de comerciantes que quieren las calles limpias de deshechos humanos. Si esta última hipótesis se confirmara la valoración sobre el genero humano debiera revisarse a la baja.
La molestia que ocasionan los mendigos es universal aunque afortunadamente las soluciones que se aplican son distintas. Hubo un tiempo en que las autoridades municipales de Las Palmas proveían de un billete en avión con destino a Madrid a los mendigos locales, para trasladar el problema a la Península; no era tan caro, con un vuelo se solucionaba el problema. En el fondo, barrían la ciudad y le metían la basura debajo del felpudo al alcalde de Madrid.
Ana Botella, en Madrid, ha sometido a la calle de La Montera a la mayor densidad de policía municipal del planeta para amedrentar a las prostitutas y a sus clientes por exigencias de los comerciantes de tan popular calle. A casi nadie se le ocurre que la mejor forma de limpiar las ciudades de mendigos es, sencillamente, convertirlos en personas mediante el tratamiento social adecuado y extirpando las causas profundas por las que la marginalidad, en el mundo, crece de manera exponencial con el desarrollo tecnológico de la humanidad. Conozco a dos personas que intentan una receta razonable y son duramente criticados por ello. Hugo Chávez en Venezuela y Luis Inazio Lula da Silva en Brasil. Los dos quieren dar de comer, proporcionar médico y enseñanza a los pobres para que puedan dejar de serlo.
Es la única forma humana e inteligente de acabar con las molestias que ocasionan los mendigos.
OTR/PRESS
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