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Cultura de usar y tirar
Francisco Muro de Iscar
16/08/04
En una sociedad que dice estar a favor de las libertades, la cultura es, por lo general, un bien dirigido, subvencionado y, en algunos casos, hasta militarizado. Si, pese a eso, habláramos de que aumenta el nivel cultural, podría tener defensa. Pero lo cierto es que estamos asistiendo a un empobrecimiento de la cultura en todos los ámbitos: desde la escuela, que debería ser el germen más importante, hasta la televisión.
No, no defiendo que la televisión tenga que crear necesariamente cultura, lo que creo es que la televisión impone valores que destrozan la cultura. Personas que no tienen ningún mérito para hablar de casi nada, pontifican desde la pequeña pantalla sobre lo humano y lo divino; gentes sin pasado y, probablemente sin futuro, sin oficio ni porvenir ganan miles de euros en una sola noche por desvelar mentiras, por revelar bajezas, por injuriar a cualquiera o por contar sandeces.
Pero, poco a poco, esas personas "crean incultura" y en lugar del debate prima el insulto; en lugar del razonamiento aparece la chulería; y en lugar de lo interesante nos venden lo aparente. Es una sociedad en la que no importa lo que se es o lo que se sabe sino aparecer y aparentar. En esta sociedad televisada donde las guerras no existen si no las vemos en directo, donde catástrofes terribles, como la de Sudán, no existen hasta que no aparecen en la pantalla y donde la realidad parece un espectáculo, una diversión, la cultura cada vez pinta menos.
Es una "cultura tampax", de usar y tirar. Todo se usa y se tira. Apenas quedan posos. Un grupo de intelectuales, reunidos en la Universidad de Santander, han hecho público un documento en el que manifiestan su malestar por esta cultura de la banalidad y reclaman una cultura en libertad, libre y creativa. Piden una revisión de los valores educativos, acabar con el deterioro de la enseñanza y la docencia y devolver al profesor su "auctoritas", su capacidad de ayudar a hacer personas cultas y educadas.
Quieren que se acabe el embrutecimiento que favorecen las televisiones -todas, las públicas y las privadas- y rechazan una cultura de queja y una cultura mediatizada y dirigida por los Gobiernos de turno, los de izquierdas, los de derechas y los mediopensionistas. Si mañana se acabara la cultura que pagan ayuntamientos, diputaciones, consejerías, etc, seguramente bajaría mucho la producción cultural. Pero si aumentaran las medidas fiscales de apoyo a la cultura, la promoción de una cultura de calidad al servicio real de la sociedad, sin duda, habría muchos más intentos desde la iniciativa privada de hacer cultura en serio.
La cultura es lo que distingue a una sociedad avanzada de una sociedad sin futuro. La cultura es libertad. La cultura es un factor de desarrollo económico. Pero España es día a día menos culta, más superficial porque la propaganda, el desinterés y la basura le están ganando la batalla a la inteligencia.
OTR/PRESS
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