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Zapatero contra las actitudes carcas
José Cavero
23/08/2004
Frente a quienes piensan y proclaman insistentemente que Zapatero es un líder sin ideología ni programa, sin una idea clara, ni siquiera aproximada, de qué España pretende conseguir durante su mandato, algunos analistas, particularmente de esa misma derecha tradicional y clásica, observan que probablemente lo más preocupante de la política que anuncia y pone en práctica el presidente Zapatero es “el tono y contenido elemental”, que bien pudiera haber quedado resumido en su discurso del domingo en Mahón, cuando anunció “presupuestos sociales y leyes modernas, laicas y progresistas frente a tantas las actitudes carcas”. De lo cual deducen tales observadores que el cambio que puede estar propiciando e impulsando el dirigente socialista es sustancial y profundo: leyes laicas contra actitudes carcas, precisamente en un momento en el que, se nos cuenta también, “dirigentes del PP quieren desmarcarse de los obispos para no dañar sus expectativas”. Quieren estos dirigentes del PP dejar de ser identificados con las posiciones de la jerarquía eclesiástica en cuestiones sociales. Un diputado del PP ha dicho sobre ese particular que “el PP no puede ser un partido confesional dominado por los democristianos”.
Pues, bien, volviendo a lo anunciado por Zapatero: los matrimonios gays “acabarán con tanta imposición de moral y actitudes carcas”. La ley contra la violencia de género viene a ser “una rebelión contra el machismo criminal”. Y su reclamación de una educación pública y laica. Y a esas proclamaciones de progresismo, añade Zapatero los datos esenciales de su cambio “en números contantes y sonantes”: las ayudas a la vivienda se incrementarán en un 30 por 100 en los presupuestos para 2005, y la inversión en investigación crecerá un 25 por 100, en esos mismos presupuestos en comparación con los que hizo aprobar su antecesor Aznar.
En suma, y como sintetizó Zapatero, presupuestos sociales y leyes modernas. Entre tales leyes hizo ya algunos anuncios y compromisos: agilización del divorcio, ley contra la violencia de género, matrimonio entre homosexuales, laicismo en la educación, además de las reformas estatutarias y de la Constitución, también previstas para la nueva etapa del curso político.
Y luego, el estilo o el talante, que tanto ha dado que hablar, y que en ocasiones sólo tienen reflejo en los mensajes dialécticos. Poco tiene que ver con su antecesor este presidente que proclama que todas las lenguas del estado son parte de su riqueza cultural, -“todas nos enriquecen porque todas son nuestras”-, y que sostiene que, contra lo que sucedía con el jefe del gobierno anterior, acabó el tiempo de tachar a los adversarios políticos como antipatriotas y desleales a España. “La única bandera en la que se envolverá el gobierno es la del diálogo y el respeto a la diversidad”.
OTR/PRESS
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