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El posado como acontecimiento político
José Cavero
21/08/2004
En pleno agosto, y aunque no hayan faltado informaciones políticas de interés, la aparición de las fotografías del posado de las ocho ministras del gobierno para una revista de moda ha supuesto todo un acontecimiento político que nadie ha querido dejar pasar por alto. Ahí están las declaraciones de Mariano Rajoy, que compara la preocupante subida de los precios de los carburantes con el ridículo de las ministras que aceptan la propuesta de una revista para actuar, por una vez, en una sesión de moda y peinado, "en el incomparable marco de la entrada al Palacio de la Moncloa".
Seguramente no es para rasgarse las vestiduras, ni siquiera por algunos detalles del acontecimiento extrapolítico, como que la ministra de Medio Ambiente posó sobre mantas de pieles naturales, o que las ministras dedicaron seis u ocho horas a acicalarse y disponerse para la fotografía que más ha dado que hablar desde la de la "marine" americana que arrastraba a un preso en Abu Graib como si se tratara de un perro.
¿Prestará Mariano Rajoy tanta atención como al posado ministerial al dato –después de todo, es herencia gubernamental de su partido, el PP— de que hay en las cárceles españolas casi sesenta mil presos, de los cuales unos doce mil son preventivos, es decir, cumplen la pena de privación de libertad sin haber sido juzgados ni condenados?. Ésa sí que parece que es una noticia de primera importancia, por cuanto demuestra que el estado de derechos no termina de funcionar, o no lo hace para todos, y no se han puesto los suficientes recursos del estado para resolver una cuestión de tanta envergadura como una adecuada y justa administración de la Justicia, primer pilar y esencial en ese estado de derecho.
Un dato escalofriante –usted, amable lector, puede ser el siguiente ciudadano privado de libertad, durante no se sabe cuánto tiempo, sin que un juez haya apreciado si había o no razones para esa decisión gravísima. Y no se puede decir que todo ha sucedido de manera imprevisible, y que se ha llegado por sorpresa y contra todo pronóstico al récord de delincuencia y de inquilinos en las cárceles del Estado español.
Eso no se improvisa ni puede sorprender: hay tendencias y estadísticas que permitían sospechar que esto iba en esa dirección y no se han puesto los mínimos remedios –más cárceles, más jueces, más eficacia en las oficinas de justicia- para afrontar un problema que tiene una extraordinaria gravedad. Casi tanta como el de las ocho ministra que perdieron unas cuentas horas jugando a ser cotizadas modelos a la puerta de la Moncloa.
OTR/PRESS
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