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Caso Conde: las cosas en su sitio

Ernesto Carratalá

19/08/2004

Ya me parecía “raro, raro, raro”, que la figura de Mario Conde no fuese objeto de titulares en las portadas de los medios de comunicación durante el mes de agosto. Para el ex banquero de Tuy, este mes es nefasto. Más todavía que el de diciembre de 1993 cuando el Banco de España procedió a intervenir Banesto, la entidad que presidía. Y para el director del centro penitenciario donde Conde cumple condena aún más porque, desde que fuera condenado por apropiación indebida por el Caso Argentia Trust, la cárcel donde se aloja ha sido objeto de todo tipo de sospechas y especulaciones. Incluyendo al equipo que la gestiona.

El director de Alcalá Meco ha sido cesado. Los motivos exactos se desconocen pero se alega que, sin dudar de su honorabilidad, ha permitido trato de favor para algunos presos “ilustres”, entre los cuales figura Mario Conde. Modestamente, yo puedo aportar algunas claves para entender este cese debido a que, durante muchos años, mantuve un seguimiento informativo sobre Mario Conde que incluye las diligencias previas de los casos Argentia Trust y Banesto en la Audiencia Nacional, los recursos de las condenas de ambos casos en el Tribunal Supremo, y el tratamiento penitenciario que se da a tan “ilustre” condenado.

Que Mario Conde goza de privilegios en Alcalá Meco es algo archiconocido. Los tuvo cuando fué recluso preventivo, -sin condena firme-, los tuvo al cumplir la condena en el Caso Argentia y los tiene ahora por el Caso Banesto. Y uno de los más importantes fué el derecho a disfrutar de un régimen penitenciario abierto mediante la concesión del tercer grado, con la oposición del equipo técnico de la cárcel cuyo psicólogo emitió un informe desfavorable por considerar que “el recluso no muestra signos de reinserción social y de arrepentimiento, al seguir convencido de que no cometió delito alguno”.

Efectivamente, y por eso el peso de la Ley sigue recayendo sobre el ex banquero, éste sigue diciendo, en público y en privado, que el no cometió delito alguno. Que el no se llevó dinero de Banesto ni perjudicó a sus impositores y accionistas a pesar de que el tiempo y los tribunales le ha quitado toda la razón.

Mario Conde sigue sin hacer frente a las indemnizaciones establecidas en las condenas. Es decir, sigue sin devolver el dinero que, las sentencias consideran probado, se llevó. Llamesé mediante el sistema de administración fraudulenta o en los supuestos contemplados en el delito de apropiación indebida del Código Penal anterior a la reforma de 1995. Y la Audiencia Nacional es clara al respecto. Los condenados por delitos económicos tienen que hacer frente a sus responsabilidades. Sólo entonces se podrá estudiar la posibilidad de medidas de gracia como es el de permisos, y régimen abierto. Por eso se le denegó el tercer grado. Por eso se expedientó a la jueza de vigilancia penitenciaria que se lo quiso otorgar y por eso tuvo muchos problemas para obtener un permiso para un acto tan importante en la vida de un ser humano como es la boda de un hijo. Pero estamos hablando del cese del director de Alcalá Meco por el trato de favor que ha consentido para algunos “ilustres reclusos” entre ellos Mario Conde. En cierta ocasión, uno de sus abogados me confesó que el ex banquero había hecho una gran amistad con el director de la cárcel. Este, según fuentes a las que consulté hace unos años, era una persona de carácter débil, “buen tipo”, muy humanitario y capaz de hacer suyos los problemas personales de los reclusos a su cargo. En otras palabras, una perita en dulce para el otrora “encantador de serpientes” que llegó a encandilar a la casi totalidad de la sociedad española.

Sólo así se entiende cómo Mario Conde ha podido obtener los mejores destinos en la cárcel, sin apenas merecerlo. Ha sido ordenanza en el módulo de ingresos. Ha llevado, - paradójicamente -, los libros de inventario de material de los reclusos y , en resumidas cuentas, ha ejercido las labores más cómodas en el Centro gracias a las cuales se argumenta que está redimiendo “penas por trabajos especiales”. Un argumento que el de Tuy utilizó para obtener el tercer grado penitenciario y la libertad condicional por el Caso Argentia Trust. Yo consulté con un prestigioso jurista el concepto de “trabajos especiales para redimir condenas” y, desde luego, entre ellos no figuran los de ordenanza de la cárcel o escribano de libros de inventario. Esos “trabajos especiales” se refieren a “todos aquellos que beneficien a la comunidad” como puede ser la recogida de basura de los laterales de las carreteras, la limpieza de montes, el cuidado de enfermos graves, el salvamento, o las labores de extinción de incendios o intervenciones en catástrofes.

Pero es que, además, Mario Conde, y eso me consta personalmente, ha gozado de privilegios a los que otros reclusos no tienen derecho. En cierta ocasión, comiendo con uno de sus abogados, pude asistir a una conversación telefónica a horas poco habituales. La llamada fué directa lo que quiere decir que, o bien estaba un despacho de las dependencias con teléfono fijo, o bien tiene un teléfono móvil, algo que, por aquella época que yo sepa, estaba terminantemente prohibido.

Es más. Se ha denunciado públicamente que Conde llegó a tener en su celda un ordenador personal que podía conectar con Internet por lo que se comunicaba con quien le dió la gana. Se ha hablado, también, de alguna que otra “fiesta privada” en el módulo al que está adscrito, y del encargo de comida procedente de los mas prestigiosos restaurantes, para uso y disfrute de él y de sus amigos, que los tiene, y los cuales han formado una guardia pretoriana a su alrededor que impide cualquier tipo de agresión por parte de los reclusos mas peligrosos. O es que ¿ya se han olvidado de su famoso amigo, Emilio “el Gitano”?

Que hay trato de favor y privilegios en las cárceles españolas para los mas pudientes es de sobra conocido y se ha denunciado. Puede ser que el director de Alcalá Meco sea el primero de una larga lista de cesados. A los responsables de este asunto nadie les va a acusar de haber recibido dinero o prebendas por parte de esos “ilustres reclusos”. Pero sí es cierto que están incapacitados para hacerse con una situación semejante porque la presencia de los mismos les sobrepasa.
 


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