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Relevo en la CNMV ( y 2)

Ernesto Carratalá

17/08/2004

La quiniela de candidatos a suceder a Blas Calzada al frente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores el próximo otoño parece haberse reducido a dos nombres. El candidato del vicepresidente económico, Pedro Solbes es Manuel Conthe, que fue secretario de estado de Economía en el último gobierno de Felipe González. Por su parte, Miguel Sebastián, postula al que fue jefe de los servicios de inspección del Banco de España, José Pérez, conocido cariñosamente en los ámbitos financieros como Pepe Pérez.

Las personalidades de Conthe y Pérez son diferentes lo que les ha significado en su trayectoria profesional. Manuel Conthe es un político fiel a Solbes y, por lo tanto, se caracteriza por su prudencia a la hora de tomar decisiones. Pepe Pérez es otra clase de individuo. Un técnico con gran capacidad de trabajo y una honradez fuera de toda duda. Hasta tal punto llega su obsesión por las cosas bien hechas que no dudó, en su momento, recomendar al gobernador del Banco de España de la época, Luis Ángel Rojo, la intervención del Banesto de Mario Conde a pesar de que esta intervención provocó uno de los terremotos políticos más importantes de la época felipista.

Y no es que existan dudas sobre la integridad de Manuel Conthe. Todo lo contrario. Es uno de los políticos más coherentes del espectro progresista del país aunque su ideario, como ocurre con casi todos los economistas actuales, se basa en el liberalismo en su mas amplio concepto y hasta sus últimas consecuencias. Pero a honrado y eficiente no le gana nadie.

Lo que ocurre es que Pepe Pérez parece tener el perfil mas necesario para hacerse cargo de una institución que, todos reconocen, anda muy desprestigiada al haberse visto involucrada en escándalos financieros. Son, precisamente, los inspectores de la CNMV los que necesitan un mayor apoyo para superar las críticas a las que se vieron sometidos en situaciones como las originadas por el Caso Gescartera y otras semejantes. Y en ese sentido, Pepe Pérez es único.

Al frente de los servicios de inspección del Banco de España logró dotar a sus colaboradores de los mejores medios para llevar a cabo su labor. Hasta tal punto, que eran temidos por todos los banqueros, incluso por los grandes, los más poderosos. Tanto Mariano Rubio como Luis Ángel Rojo llegaron a confiar plenamente en su labor. Los mas viejos especialistas en la información financiera cuentan que cada vez que Rubio citaba en su despacho al presidente de una entidad financiera éste temblaba porque sabía que, nada más entrar en las dependencias de la madrileña calle de la Cibeles, se iba a encontrar, en la mesa del Gobernador, con un amplio dossier sobre las actividades que llevaba a cabo. Y como éstas se paseasen al filo de la navaja, la bronca era mayúscula. Todos sabían, también, que, cuando se producían este tipo de encuentros, Pepe Pérez se encontraba en dependencias contiguas por si hacían falta aclaraciones. Nada se improvisaba. Mariano Rubio y Luis Angel Rojo sabían lo que decían.

A Pepe Pérez tampoco le tembló la mano cuando tuvo que elaborar el informe correspondiente sobre la situación del banco Ibercorp. Una situación de la que no salía bien parado Manuel de la Concha, uno de los mejores amigos de su jefe, Mariano Rubio, quien también acabó por verse salpicado en el escándalo. Y mucho menos cuando sus inspectores descubrieron las irregularidades contables en Banesto. Dicen que Luis Angel Rojo se asustó. Inmediatamente llamó al consejero delegado del banco, Enrique Lasarte, para que se entrevistase con Pérez tal y como se estaban poniendo las cosas. Se quería evitar el mal mayor. Lasarte intentó liar a Pérez y éste fue el final de la etapa de Mario Conde y su equipo al frente de la entidad. A José Pérez no hay quien le líe.

Terrible dilema el del gobierno socialista. Tiene que elegir entre dos “pesos pesados” para levantar una institución que debe figurar entre las primeras, sino la primera, de las que regulan los mercados españoles. Simplemente porque esos mercados tienen que ver en el control de gran parte de la riqueza de este país.

 


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