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El doctor Palacios
Ramón Pi
12/08/04
El doctor Palacios está viviendo su minuto de gloria mediática a cuenta de la decisión británica de permitir legalmente la clonación humana “con fines terapéuticos”. El doctor Palacios es presidente de la Sociedad Internacional de Bioética, una más de la pléyade de Sociedades, Institutos, Organizaciones, Comisiones y Comités de Bioética que proliferan por doquier en todo el mundo, y también entre nosotros. Al doctor Palacios lo llaman de los periódicos, las radios y las televisiones para que explique al respetable que ésta es una magnífica noticia, porque curará el Parkinson, el Alzheimer, la diabetes y otras muchas enfermedades hoy tenidas por incurables. No ahora, claro está, sino dentro de un número de años que el doctor Palacios, naturalmente, no está en condiciones de determinar.
El doctor Palacios pone mucho acento en que la clonación humana jamás se permitirá “con fines reproductivos”, sino sólo “con fines terapéuticos”. Esto, para el presidente de una organización que se llama de Bioética, es bastante duro de decir, porque hace añicos el principio ético universal según el cual el fin no justifica los medios, así que se ve obligado a poner también mucho énfasis en explicar que la clonación humana, mientras se sacrifique al embrión en sus primeros días de desarrollo, no acaba con un individuo de nuestra especie, porque ese embrión es muy pequeñito. Y como esta explicación, de puro garbancera, no se tiene en pie ni con rodrigón, también se ve obligado a cambiar el nombre del embrión que se sacrifica “con fines terapéuticos”, y lo llama “preembrión”.
Pero el doctor Palacios sabe, debe saber al menos, que cambiar el nombre de las cosas no cambia su naturaleza; y sabe, o debe saber, que la palabra “preembrión” no es científica, sino que es un puro artificio terminológico inventado precisamente para que los legisladores puedan deglutir sin vomitar una norma que apruebe el sacrificio de humanos en estado embrionario para que se usen como material de experimentación.
El doctor Palacios no puede, nadie puede, establecer el momento en que ese “preembrión” cambia su naturaleza para pasar a ser “embrión”, y sabe, o debe saber, que la anidación en el útero a los catorce días de la fertilización del óvulo es una circunstancia externa que no lo modifica, sino que sólo permite que siga viviendo, como alimentar a un bebé tampoco lo modifica, sino que sólo permite que siga viviendo, ya que de lo contrario moriría sin remedio. Exactamente igual que el “preembrión”.
Eso sí, el doctor Palacios dice lo que dice con voz campanuda y palabras esdrújulas, para que parezca que lo que dice es serio. Y en cuanto puede, subraya que las “creencias religiosas” son muy respetables, pero no se pueden imponer. Lo cual está muy bien, pero yo no he hablado de religión en absoluto para decir que el doctor Palacios no es serio. De religión habla sólo él. Para engañar a la gente.
OTR/PRESS
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