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Home  Opinión  Ernesto Carratalá
 
Relevo en la CNMV

Ernesto Carratalá

13/08/2004

Blas Calzada se va. No por discrepancias con el Gobierno. No porque haya sido nombrado por el anterior ejecutivo del PP. Blas Calzada no es de ese tipo de personas que generan un problema. Se va simplemente porque concluye su mandato. Sin ruidos ni elocuentes manifestaciones. No es problemático ni lo ha sido durante su mandato. Por eso va a pasar a la historia de la Comisión Nacional del Mercado de Valores como el presidente más callado. Sin pena ni gloria. Ha cumplido su papel tal y como había escrito en el guión previo.

Blas Calzada, uno de los expertos financieros más prestigiosos de este país, se tuvo que hacer cargo de la CNMV en el peor momento de esta institución. Su antecesora, Pilar Valiente, la gran diseñadora de la estrategia de los “mil millones de Hacienda perdonados a sus amiguetes por el PSOE” cuando era inspectora de la AEAT, probó su propia medicina cuando la responsabilizaron de haber permitido la quiebra de Gescartera, la agencia de valores de Rafael Camacho, un golfete simpático que supo hacerse con los servicios de la hermana del secretario de Estado de Hacienda o, lo que es lo mismo, con relevantes cargos del Partido Popular, y que se permitió el lujo de gastar el dinero de los inversores hasta que acabó por dar con sus huesos en la cárcel. Veinte mil millones de pesetas que no aparecen por ninguna parte. Colocación sospechosa de dinero que nadie sabe de dónde salió. El PP, que había puesto el grito en el cielo por aquello de la “alarma social” generada en la última etapa felipista provocada por los escándalos de corrupción y guerra sucia contra ETA, probaba el sabor amargo de aquello por lo que decía luchar.

Valiente fue una de las “víctimas” políticas del escándalo. Alguien, en la CNMV, miraba para otro lado mientras Camacho y los suyos cometían las irregularidades que les llevó a la cárcel. Valiente comía con él, y con Pilar, la hermana de Sebastián Giménez Reyna, mientras los servicios de inspección de la institución que presidía avisaban del desaguisado que se avecinaba. Ni caso. El PP, con mayoría absoluta.

Pilar Valiente acabó en la calle y con una recomendación de que se cogiese unas “largas vacaciones”, un “año sabático” para que se olvidasen de ella. La credibilidad de la CNMV acabó por los suelos. Y en eso llegó Blas Calzada...

Hombre poco proclive a crearse problemas. Cercano al retiro por su edad. No ha hecho nada más que dejar las cosas como estaban. Sus superiores, los chicos de Economía, se encargaron de reformar el organismo y hacer un traje a su medida. La CNMV no sirve, ahora mismo, para nada. Se creó como un organismo fiscalizador y regulador de los mercados financieros y se ha convertido en lo mismo que Pilar Valiente, - decía ella ante la jueza Teresa Palacios-, en Gescartera. Poco más que un florero.

Ahora, como siempre, a los socialistas les toca arreglar el desaguisado. Pedro Solbes piensa en su antiguo secretario de Estado de Economía, Manuel Conthe, al frente de la Comisión. Miguel Sebastián, el asesor de Zapatero, en Pepe Pérez, el hombre más determinante que ha pasado por el Banco de España en los últimos años dada su condición de jefe del servicio de Inspección del Instituto Emisor donde descubrió el “pufo” de un Banesto que, desde que Mario Conde y los suyos dejaran como un erial, no ha vuelto a levantar cabeza.

Conthe y Pepe Pérez son dos figuras antagónicas. El primero es un animal político. El otro, un funcionario eficaz donde los haya. Si los socialistas quieren arreglar la CNMV y convertirla en la auténtica “policía financiera” del país designarán al segundo. Si buscan algo más político, una mejora de imagen, será el primero el que acabe por ser el Presidente.

El dilema es ése. Mejora de imagen o eficacia en la lucha contra el fraude financiero. No el que algunos nos quieren hacer ver: una pelea entre Solbes y Sebastián, que las hay y de las que hablaremos en su día. Pero en este asunto no. Esto es mucho más simple de arreglar. El próximo mes veremos quien gana.
 


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