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El dilema de Solbes

Ernesto Carratalá

09/08/2004

Veo al vicepresidente económico, Pedro Solbes, en su retiro veraniego, mirando intensamente una calavera que sostiene en su mano derecha, diciendo “to be or not be. That is the question”. Bajar o no bajar los impuestos que gravan los carburantes. Esa es la cuestión. Estamos en plena temporada estival y las noticias nos las tomamos un poco a cachondeo pero esto del petróleo no es ninguna broma. La que nos espera a la vuelta de las vacaciones, como algo no lo remedie, - y ya no estamos para creer en milagros y menos en economía-, es morrocotuda.

Tan es así que los expertos vuelven a revisar sus previsiones de crecimiento económico que, recientemente, redujeron respecto a las iniciales de principios de año. Menos riqueza y mas inflación acaban por generar un dinero mas caro, menos posibilidades, por lo tanto, de invertir y, consecuentemente, menos puestos de trabajo, más paro, menos consumo, y... la pescadilla que se muerde la cola. Eso sin contar lo que los expertos denominan “efectos de segunda ronda”, entre ellos el traslado a la negociación salarial de la subida de los precios.

Hay que buscar una solución. Consumidores y organizaciones que agrupan a los sectores que más rápidamente pueden sufrir los efectos de la carestía del petróleo han reclamado medidas urgentes para paliar esta situación. Unas medidas que puede tomar el Gobierno porque, lo creamos o no, la mitad de cada litro de gasolina o gasóleo que compramos va a parar a las arcas públicas en concepto de impuestos especiales. O sea que el Estado se está poniendo las botas con la subida. Según los cálculos efectuados hasta mediados de la semana pasada, el erario público había ingresado del orden de 250 millones de euros de más desde que comenzara el año.

Con estos datos en la mano, Solbes tiene margen suficiente para rebajar los impuestos. Una rebaja que compensaría las subidas constantes de los carburantes, lo que redundaría positivamente en los precios de productos y servicios y en la inflación.

Pero el vicepresidente económico tiene otro grave problema que resolver. El pago, obligado, de una serie de deudas del Estado y de sus organismos autónomos ha disparado el déficit público y si se quiere mantener saneada la economía, conviene recortar gastos, en la medida de lo posible y, a la vez, incrementar los ingresos lo que quiere decir que hasta el último euro que se pueda recaudar será bienvenido. Y 250 millones no son nada desdeñables a la hora de cerrar el ejercicio.

Por lo tanto, ¿qué hacer en semejantes circunstancias? Los expertos aconsejan a Solbes que, aún a costa de perder ingresos, lo conveniente sería proceder a la rebaja de impuestos sobre todo si tenemos en cuenta que esta situación no es coyuntural y que el precio del barril se va a situar, a medio plazo, entre los 35 y los 40 dólares lo que implica olvidarse de las bajadas. El escenario ideal sería que la cosa no se disparase más de lo que lo va a hacer en los próximos días y que los precios energéticos acaben por estabilizarse. Es como la rogatoria esa: “virgencita que me quede como estoy”.

Así pues, todo parece indicar que la subida de los carburantes se va a consolidar. Si el Gobierno renuncia a obtener ingresos extraordinarios por tal circunstancia, se compensarían los efectos negativos de la misma. Las cuentas están claras y Solbes debe tomar una decisión en tal sentido, lo antes posible, para acabar con la incertidumbre que se ha generado.

Ya se sabe que, en economía la política de gestos eleva la confianza en los mercados y, en estos momentos, lo que mas se necesita es confianza porque estamos a las puertas de una nueva recesión si no se pone remedio cuanto antes.

 


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