George Bush ha invitado a José María Aznar a asistir como espectador a la convención del partido Republicano que le reelegirá como candidato a Presidente a finales de este mes en Nueva York y ya se ha formado otra polémica sobre si debe o no debe ir, si su asistencia a ese foro perjudicaría al PP y molestaría a muchos españoles. ¿Por qué? Tres meses después de que dejara La Moncloa, voluntariamente por cierto, el ex presidente tiene todo el derecho del mundo de ir a donde le plazca; incluso a no dar explicaciones de lo que hace. Y sin que su partido, ni quienes le votaron, ni mucho menos los demás se molesten por ello.
Aznar forma parte de un grupo de políticos destacados de partidos de centro o derecha homologados por simpatía con el Republicano de los Estados Unidos que ha sido invitado a esa convención de Nueva York. Y Bush, no nos olvidemos, es ese presidente a quien Zapatero saludó brevemente, tras esforzarse por provocar el encuentro en la reciente cumbre de la OTAN. ¿De dónde sale que resulte políticamente correcto Bush cuando se da la mano con Zapatero y un ser deleznable si se le ocurre invitar a Aznar?
El único de los cuatro ex presidentes de la democracia española que está dedicado en cuerpo y alma a los negocios particulares –y con bastante éxito, parece- es FelipeGonzález. Pero ninguna portada de ningún periódico se dedica a recoger sus andanzas con empresarios mexicanos o marroquíes con los que se relaciona. Es su vida particular y punto. Aznar trabaja en una fundación hermana del PP que elabora su pensamiento político, va a dar clases en la Universidad de Georgetown una semana al mes y ha escrito un libro de memorias que lleva varias semanas en el puesto numero uno de la lista de los 'best sellers'. Eso es todo, que ya es bastante. Que vaya a la convención republicana si le apetece y no se preocupe de algún acomplejado dentro o fuera de su partido a quien le podrá sentar fatal.