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Algo se mueve en el PP
José Cavero
08/08/2004
Uno de los acontecimientos políticos que han de producirse en la nueva temporada política que se abrirá después de agosto es el congreso del PP. No es un congreso cualquiera. Es el congreso de retorno a la oposición después de ocho años de aznarato que todos pensaban que pudieran prolongarse a doce o dieciséis, pero que cooperó en frustrar el atentado del 11 de marzo. Ésa ha sido la primera muy seria complicación: quien iba a quedar como líder irreprochable y luz a seguir, Aznar, quedaba descalabrado por esas bombas de los trenes de cercanías. Pero también quedaban tambaleando las designaciones efectuadas por él: Rajoy, Acebes, Zaplana… Y hasta las líneas de actuación que Aznar y Rajoy impulsaban Todo quedaba en entredicho: para Aznar y su partido, hasta el 14-M, todo iba bien y era intocable en materia de Estatutos y Constitución, por ejemplo. Y todo estaba proyectado para que avanzara "su" compromiso con Bush en Irak, su PHN con su trasvase del Ebro, su ley educativa… Todo eso lo derribó en sus primeros ocho días el sucesor en la Moncloa.
Pero también quedaban tambaleantes los designados para dirigir el PP en la nueva etapa: A Rajoy se le atribuye la frase: "Ahí tienes los resultados de tu guerra", cuando se dirige a Aznar en la noche electoral. Y ya hemos tenido oportunidad de ver choques crispados porque lo que dice Aznar no es lo que determina Rajoy. Acebes era el ministro del Interior en el momento del terrible atentado, y por más explicaciones que dé y más dudas trate de esparcir, será para la historia el ministro responsable de la seguridad de los españoles en el instante del crimen múltiple. Y no pudo, supo o quiso prever la acción del terrorismo islamista. En cuando a Zaplana, tampoco parece que sea el hombre de consenso y reconstrucción que el PP necesita en su nueva etapa. Sus peleas por el poder con su sucesor en la comunidad valenciana, Francisco Camps lo invalidan en muchos aspectos para la dirección del partido. Y ni siquiera el propio Rajoy parece fuera de discusión: parece incapaz de evitar y zanjar esas peleas de Zaplana y Camps, como las de Aguirre y Gallardón, refugia su modo de oponerse en sarcasmos e ironías a menudo brillantes pero de eficacia nula, frente a un Zapatero que deshace sin piedad las líneas más características del período anterior.
A la luz de consideraciones como éstas, las bases del PP deberán determinar qué criterios y qué rumbo adoptan para la fase de travesía del desierto, que pudiera prolongarse cuatro, ocho o doce años, según la habilidad y el esfuerzo de los opositores.
OTR/PRESS
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