La prostitución es un acto lesivo, una violación de la integridad, dignidad y derechos humanos de mujeres y niñas. Por otra parte, el tráfico de mujeres para su explotación sexual está experimentando un incremento considerable en todos los países del mundo. Si analizamos el fenómeno de la prostitución, observamos que su ejercicio es una forma más de violencia de género, en la que prostitución se identifica con mujer prostituida y se exime de toda responsabilidad al prostituidor o cliente.
¿Por qué responde a una cuestión de género? Porque es una ostentación de quien tiene el poder, —de quien paga— frente al vulnerable; de quien usa y/o abusa del oprimido, del legitimado frente al estigmatizado, del elector frente al elegido, es decir del hombre frente a la mujer que se prostituye.
La prostitución es una manifestación de los planteamientos y actitudes propias de la sociedad patriarcal, en la que todo confluye para la satisfacción unilateral del varón, y en la que la mujer no tiene otro papel que el asentimiento y la respuesta acorde. La sociedad en general se ha proclamado con claridad y contundencia contra determinadas formas de violencia de género, pero tiene también que defender el derecho de las mujeres prostituidas a su dignidad y a su libertad personal, para que los traficantes y los proxenetas no sigan aprovechándose de la subordinación e indefensión económica, social y legal de mujeres y niñas.
El mayor porcentaje de mujeres prostituidas en este momento son inmigrantes. Muchas de ellas han sido traficadas con fines de explotación sexual, sin que, en la mayoría de los casos, conocieran cuál iba a ser su actividad y en todos los casos, ignorantes de las condiciones de explotación que les esperaban.
El Plan Contra la Explotación Sexual puesto en marcha desde el Ayuntamiento de Madrid trata de conseguir que la ciudad no sea un destino fácil para las redes mafiosas de traficantes de seres humanos y proxenetas. Al mismo tiempo, pretende concienciar al cliente-prostituidor sobre el ejercicio de la prostitución haciéndole ver lo que de abuso de una situación de vulnerabilidad tiene. Se ofrece información, apoyo, atención y alternativas para aquellas mujeres que desean abandonar la prostitución y nos ocupamos de su recuperación personal, su reinserción social y laboral.
Frente a un fenómeno de la complejidad y envergadura como es la prostitución, en el plazo de apenas tres meses que lleva el Plan, es evidente que no pueden esperarse resultados. No hay cambios rápidos, ni cambios drásticos en la situación de estas mujeres. Pero es muy importante abrir un debate sobre una realidad de gran trascendencia social, adoptar posturas claras y contundentes a favor de las mujeres prostituidas y contra la explotación y el tráfico de mujeres y niñas para su explotación sexual.
La sociedad tiene que abordar un problema que es, ciertamente, tan antiguo como la humanidad, pero que en estos momentos reviste dimensiones de explotación y aprovechamiento de la vulnerabilidad de las mujeres como nunca se había presentado. Tenemos información, diversa y real, sobre el fenómeno y se está favoreciendo la reflexión ante una realidad que hasta ahora simplemente era ignorada y ante la que no había respuesta alguna. Hacer frente a este hecho y abordarlo con todas las dificultades que entraña y los obstáculos que se presentan continuamente es, insisto, positivo.
En cuanto a concienciar al cliente-prostituidor sobre el ejercicio de la prostitución, debe servir para alertarle de la gravedad de la situación, puesto que parece considerarse 'normal' y 'legítimo' que los hombres compren mujeres para su placer sexual unilateral. Es muy probable que éstos clientes desconozcan que la mujer a la que compran sus servicios sexuales, está explotada por una mafia, o un proxeneta, en contra de su voluntad o como la única salida que ve para poder subsistir.
Las manifestaciones que abogan por la libertad de prostituirse, en el caso de la mayoría de las mujeres que tenemos en nuestras calles, significa la defensa del derecho a la explotación del otro, en este caso de la otra, es decir, de tantas mujeres que han llegado a nuestras ciudades en busca de unas mejores condiciones de vida o directamente traídas por redes sin escrúpulos para comercializar con ellas, es decir, para el comercio y el tráfico de seres humanos para su explotación sexual.
Tenemos que tener presente que los procesos individuales y sociales de recuperación e inserción de las mujeres prostitutas que quieren abandonar la prostitución, son lentos y tienen que adaptarse a las características individuales y al ritmo y fase en que se encuentra cada persona. Por más que se quiera y sea deseable, las mujeres prostituidas, aún queriendo, no pasan automáticamente a la situación de poder incorporarse al mercado laboral o insertarse socialmente. Pero, aunque sean pocas las mujeres que puedan salir del infierno en el que se encuentran en contra de su voluntad, merecen cualquier esfuerzo por parte de la sociedad y de las administraciones.