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Grandes hombres, pequeños discursos
Agustín Jiménez
03/08/2004
El candidato opositor de USA, consorte de la heredera del Sr. Ketchup, largó el otro dia un discurso que misteriosamente encandiló a los suyos, que concelebran una pachanguera convención para ponerse a tono, pero que a los forasteros nos puso los pelos de punta. Es verdad que estos discursos, o quizás todos los discursos, sólo contienen majaderías, escritas con la mejor intención por asesores que saben para quien trabajan, pero al forastero se le encrespan los pelos, de miedo o de risa, al oír que el previsible heredero de un ejercito controlado por reputados psicópatas promete que su país será grande y fuerte. Que sepamos, ya lo es y eso no ayuda nada. Lo que sería interesante es que fuera inteligente, generoso, ecológico, imaginativo. A los españoles que tuvimos la suerte de convivir con Franco - por cierto, parece que Fraga se vuelve a presentar -, se nos heló la risa de tanto desear aquella España una, grande y libre. No tenemos interés en que sea una ni en que sea grande. En cuanto un político empieza a pregonar la fortaleza, se convierte en un hijoputa.
Visto en televisión, Kerry es un señor antipático, sin la calidez humanoreligiosa que destila Bush, que solo aterra al espectador cuando este le mira a los ojos. Los ojos de Bush van a lo suyo, o quizás es que flotan en el nimbo de los analfabetos. Bush tiene las convicciones claras, por escasas. Kerry parece manejar con soltura dos o tres esquemas ideológicos de perogrullo. Es el tipo de americano que encabeza cada respuesta con la muletilla "numero uno". Si le preguntan que haría con el protocolo de Kioto, el apostilla: "Numero uno", yo me leería el texto. Y así. Bush sólo ha leído la Biblia. Pero la cuestión no es esa.
Clinton aparentaba ser realmente cultísimo e inteligente, pero ello no le impidió cometer varios desmanes imperdonables. Esta temporada se ha paseado por las televisiones europeas promocionado la vaciedad de su "Vida" (el chiste del doble sentido pertenece al critico de libros del "New Zork Times"). Cuando le hacían la pregunta inevitable, siempre respondía que, si se le cayó la famosa mancha en el vestido de la becaria gorda, es porque pudo. O sea, que lo que hay que procurar es que los políticos sean un poco impotentes.
A Kerry hay que votarle porque más vale lo malo desconocido que lo horroroso conocido. La infamia criminal en que ha hundido a la humanidad el actual poseso de la Casa Blanca no admite demora. Ni con Dios a su lado puede ser tan estúpido un país como Estados Unidos. Pero luego habrá que ver. Es como en España. Lo de Aznar pitorreándose de su país, y del dolor de otros países, era demasiado fuerte. Lo que no quiere decir que nos fiemos de Zapatero. Al menos todavía.
OTR/PRESS
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