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Carmen Tomás
03/08/2004
Los datos económicos que se van conociendo relativos al mes de julio son realmente tranquilizadores. Se puede decir que la economía española sigue a buen ritmo. Lo que ocurra a final de año con las cuentas del Estado será otro cantar. Ya nos anunció el ministro Solbes hace unos días solemnemente en la rueda de prensa posterior al consejo de ministros que de superávit presupuestario nada de nada; que volvemos a la cultura del déficit que no se por qué narices es una política de izquierdas. Pero ya digo, tiempo habrá de valorar cómo cierra el año fiscal. De momento, podemos decir que la demanda sigue tirando con fuerza. Véanse los datos de ventas de automóviles de julio, mes en el que se batió un récord histórico. Y también y muy importantes las cifras de caída del desempleo, por sexto mes consecutivo. Casi 41.000 personas menos apuntadas en las listas del INEM, el mejor dato desde 1999 en el mismo mes. Es obvio que el sector servicios encabeza la bajada del paro. Pero atención también al dato de descenso del paro femenino, que ha sido el doble que el de los varones. La brecha aún es amplia, pero se está reduciendo y queda fijada en torno a los 300.000.
También hay que señalar como otro dato positivo que nos ha dejado julio, el récord de afiliaciones a la Seguridad Social. Ya hay casi diecisiete millones y medio de ocupados-afiliados. Y aunque para muchos, para todos, sería deseable que se moderasen los precios de las viviendas nuevas y usadas y bajara por tanto el número de hipotecas y con ello el endeudamiento de las familias, no cabe duda de que el sector de la construcción sigue tirando de la economía y fuerte como un roble. Dicen algunos que es malo, que no es sano. Pero, la realidad es que aún no se ha encontrado sustituto. El sector exterior lo será cuando nuestros socios y mayores compradores despejen sus economías.
Entretanto, los españoles y también los extranjeros seguirán comprándose casa y la cultura del alquiler está muy bien, pero tardará generaciones en instalarse entre nosotros. Y más si no ataca el problema en la raíz. La demanda interna y dentro de ella el consumo sigue tirando, porque se crea empleo, y hoy por hoy es una buena señal. Sólo cabe esperar que los precios estratosféricos del petróleo y algunas políticas equivocadas no acaben torciendo más de lo razonable el buen nivel que sigue demostrando la economía española.
OTR/PRESS
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