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Cambio de sexo
Ramón Pi
29/07/04
En esta especie de chaparrón de globos sonda a que por lo visto nos quiere acostumbrar el Gobierno del talante hay que anotar el último propósito conocido de la señora Salgado, ministra de Sanidad. Esta señora es la campeona del mundo de decir bobadas con la cara más seria. Ahora, por lo que cuenta “La Razón”, le va a dar por pedir a las Comunidades autónomas que la Sanidad pública corra con los gastos de lo que ella llama operaciones de “cambio de sexo”, que, como se sabe, ni son de cambio de sexo, ni nada de nada; sólo cambian la apariencia externa sexual: si a la hoy conocida como doña Bibiana Fernández (antes Bibi Andersen, y antes Manolo) se le hiciesen cien análisis del DNA, los cien darían Manolo. La naturaleza es así de reaccionaria.
Sin embargo, puede ocurrir que algunos varones se crean mujeres, y viceversa. Estas cosas pasan de vez en cuando, y entonces parece evidente que estamos claramente ante un desarreglo mental del que experimenta tales sensaciones. La Psiquiatría debería intervenir, aunque fuese con cargo a la Sanidad pública; pero en lugar de eso, lo que la señora Salgado propone es que se le dé gusto al paciente, y que el dinero público se emplee en suministrarle las correspondientes prótesis. Para hacerse una idea de lo absurdo de esta actitud de la señora ministra, pongámonos en el caso del señor que se cree Napoleón, por buscar un ejemplo manido: ¿pediría la señora Salgado a las Comunidades Autónomas que le comprasen un tricornio y una casaca, para que todo el mundo pudiera ver lo adecuadamente que se mete la mano entre los botones de la pechera?
Ya estoy viendo a los políticamente correctos diciendo, muy enfadados, que no es lo mismo. Y efectivamente, no es lo mismo: es peor, porque se va a hacer participar de esta farsa al Registro Civil, y a los que tengan que tratar con el así disfrazado, seguramente ignorantes de la superchería. Y todo eso, sin contar lo bien que le vendría a la gente que la Sanidad pública financiase las ortodoncias, por poner un caso que, por comparación con esta majadería, clama al cielo.
OTR/PRESS
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