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Acebes el empollón, Rubalcaba el malvado
José Cavero
29/07/2004
En esta recta final de las comparecencias en la comisión parlamentaria investigadora del 11-M, los “platos fuertes” han quedado para el final, como no podía ser de otro modo: Los exministros Acebes, Zaplana y Palacio, por el PP, y los actuales hombres fuertes del PSOE gobernante, Pérez Rubalcaba y el titular de Interior, José Antonio Alonso. Hay pocas dudas sobre la brillantez de la intervención del ex ministro Acebes: bien preparada ella, la intervención, y bien atildado él, el exministro, superaron incluso la gran prueba de la resistencia física: diez horas de responder a los adversarios políticos pretendieron dejar tras de sí la idea de la eficacia en los días de la tragedia. Un imposible metafísico, por cuanto el “gol” del pavoroso atentado con casi doscientos muertos lo encajó su departamento, después de que durante toda la campaña electoral se vanagloriara de haber efectuado una lucha sin cuartel y de la mayor eficacia contra el terrorismo. Acebes también quiso dejar infinidad de dudas sobre la eficacia de quien le sucedió en ese departamento: Alonso no ha continuado su política de ir contando a la opinión lo que, a su vez, le relataban los mandos policiales, en ocasiones, cada dos o tres horas. Zaplana, no cabe duda, es muchísimo menos creíble y fiable. Dio respuestas “de cartón piedra”, perfectamente previsibles. Y Ana Palacio sintetizó su tarea ministerial: apenas llegó a enterarse de lo que se responsabilizaba por razón de su cargo.
En cuando al otro lado de la pelea, la mayor expectación la despertaba “el malvado Rubalcaba”. Ya se sabe que cada personaje debe arrastrar sus propios hechos y los que se le atribuyen. Y al portavoz socialista se le atribuyó desde el primer momento, por el PP gobernante, y en toda esta pavorosa historia, la condición de maquinador, estratega. En Rubalcaba se vio a la persona que convocaba ante las sedes del PP para reclamar toda la información sobre la autoría del asesinato múltiple, rompiendo de ese modo la tranquilidad de la jornada de reflexión. Rubalcaba mismo acusó al gobierno de mentir, desde televisión, la noche de esa singular jornada de reflexión y de protesta. Y al margen de lo que fue un hecho cierto, hubo gran cantidad de “inventos” que se centraron en el personaje. En esta comparecencia del jueves, por ejemplo, tuvo oportunidad de negar y de calificar de calumnia que hubiera brindado con champán al conocerse la autoría del atentado masivo de los trenes de cercanías.
Explicó que sus comparecencias públicas aquella tensa jornada de reflexión se produjeron como réplica a las comparecencias de Zaplana y de Rajoy, que previamente ya habían roto el carácter “sin beligerancia electoral” de la jornada previa a las urnas. En cuanto a Alonso, tenía una doble tarea que realizar: explicar lo que han venido haciendo las fuerzas de la seguridad del estado desde el 11-M y puntualizar las invectivas y sugerencias lanzadas por su antecesor Acebes.
OTR/PRESS
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