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Reino de Taifas
Fermín Bocos
28/07/2004
Tengo para mí que sabiendo que la política es la tela de Penélope, nada de cuanto acontece a nuestro alrededor debería sorprendernos en exceso; si acaso, conmovernos. Lo digo por algunas de las ingenuidades que vemos acuñar estos días en la ceca nacional. En términos filosóficos, al respecto del necesario concierto en el Estado de las Autonomías hemos pasado del "¡Santiago y cierra España!" de Aznar al "Ancha es Castilla" de Zapatero. Del no se toca ni una coma de la Constitución, al todo vale con tal de seguir juntos.
En el universo de la política, el discurso público suele ir acompañado de un mensaje no explícito en el que se refleja la tensión de las relaciones de poder. El Aznar del 96, acudía, humilde, a Barcelona donde a la manera de Canosa Pujol le recibió en el 'Majestic'.En el 2004 la visita de Maragall a La Moncloa recordaba la llegada de Don Juan de Austria a Otranto, después del gran día de Lepanto.
Ya digo que este tipo de apariencias forman el brocado subliminal del tapiz de la política, pero puesto que la política le debe mucho al teatro y en el teatro -que es el gran arte de la impostura- la apariencia lo es todo, a la postre, dejan una huella indeleble. Que a la salida de la entrevista entre Zapatero y Maragall los periodistas consumieran una página de ordenador deambulando por el diccionario a la caza de un sustantivo que permitiera titular la gran obviedad de que la 'Generalidad' es Estado,quiere decir que el voltaje del mensaje subliminal es superior al del discurso explícito.
Por no hablar de sí el PSC constituirá o no grupo parlamentario propio. Es lo mismo que cuando Ibarretxe viene, también, a Madrid a decir que España es el resultado de una imposición unilateral que no respeta la voluntad de los vascos. Si lo dice es porque siente que puede decirlo.
Quiero decir que lo dice, porque capta la debilidad ambiental de quienes sostienen posiciones contrarias, pero no gustan, no quieren proclamarlas.
A la postre, no pasará nada que pueda herir de manera irreversible el futuro de Ítaca porque Penélope (el pueblo español), será quien en última instancia tendrá la palabra , Pero hay registros que se resienten cuando quienes disputan niegan la evidencia de que España es un edificio histórico, político, cultural y social que tiene detrás cinco siglos de realidad y un milenio de gestación. Afortunadamente, España es mucha España y resistirá las tarascadas banderizas entre oñacinos y gamboas, incluso la pelea cainita entre cegríes y abencerrajes que, a la postre, es a lo que más se va pareciendo la pugna entre la periferia y el centro en pos de la añeja filosofía de los reinos de taifas.
OTR/PRESS |
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