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La Iglesia en la escena política
Carlos Carnicero
27/07/2004
La Iglesia Católica española ha irrumpido en la vida política en uno de los episodios más crispados y contundentes de la transición española a propósito de los proyectos legislativos contemplados en el programa electoral del PSOE y que el actual Gobierno se dispone a cumplir. El pistoletazo de salida lo dio ya hace unos meses Monseñor Rouco Varela al relacionar la viabilidad del estado del bienestar con la extensión de prestaciones sociales a las personas que optasen por uniones homosexuales. Luego se han desencadenado sucesivos episodios en los que las autoridades religiosas han recriminado públicamente a los responsables del poder político por sus actitudes en materias que regulan las relaciones de otros colectivos distintos de los heterosexuales.
La Iglesia no se resigna a que su ámbito de influencia natural sea el de sus propios feligreses y pretende que su forma de entender la moralidad social se adopte por todos aquellos que no pertenecen a su credo. Pero para ello ha renunciado a extender el ámbito de su doctrina y su reclamación, sencillamente, es la de irrumpir en los procesos políticos para exigir un cambio de posición a los demás.
Sin embargo las reglas que utiliza la Iglesia son de ventaja. No acepta un debate de igual a igual. Cuando el Papa reprende al embajador de España en el acto de presentación de credenciales o al presidente del Gobierno en una visita meramente protocolaria, lo hace desde una posición en la que no puede recibir respuesta. Cuando el arzobispo de Santiago critica la política del Gobierno en presencia del presidente del ejecutivo, lo hace desde suposición de ventaja que le da el no poder ser replicado.
La Iglesia española pretende seguir siendo protegida por los presupuestos generales del Estado en vez de aceptar el reto de que sean sus seguidores quienes la financien. Y, al mismo tiempo, quiere seguir con las prácticas de cuando la religión católica era la guía espiritual del régimen en una España confesional.
El peligro radica en que los planteamientos de irrupción de la Iglesia en las áreas del poder político, desde las prerrogativas que la propia Constitución le estableció, interpretándolas de forma ventajista, pueden conducir a una confrontación social en la que seguidores de la doctrina católica intenten violentar la voluntad de los ciudadanos concretada a partir de los resultados de las urnas.
Demasiado reciente están los antecedentes de confrontación entre españoles en la que la Iglesia y sectores furibundamente anticatólicos estaban en las bases de la dramáticas dos españas como para que estos asuntos no se manejen con prevención.
OTR PRESS |
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