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La apuesta de Botín
Ernesto Carratalá
26/07/2004
Hace unos días hablábamos de las dificultades que el presidente del grupo Santander, Emilio Botín, atraviesa por culpa de sus contenciosos con la Justicia. Los casos “Cesiones de Crédito”, y “Pensiones” parecen tener una respuesta en forma de engrandecimiento de la Entidad hasta límites insospechados. Botín está a punto de convertir su empresa familiar en el cuarto banco más grande de la Unión Europea , y el octavo del mundo en lo que a activos se refiere.
La operación de compra del Abbey National Bank ha sorprendido a propios y extraños. Desde hace unos años se sabía que el grupo Santander, tras la fusión con el Central Hispano de Amusátegui, miraba al exterior con la idea de convertirse en una potencia. Hoy por hoy, la banca española, a pesar de las operaciones de concentración llevadas a cabo en los últimos veinte años, está muy por debajo del potencial de las grandes entidades financieras y aseguradoras mundiales. Nada que ver, por ejemplo, con la capacidad y el margen de maniobra del alemán Deutsche Bank, o de los norteamericanos Bank Of América o Merril Lynch.
Ese potencial de la gran banca mundial hace vulnerable al sector español que, por otra parte, ha experimentado un fuerte avance competitivo en los últimos años. Un avance, no obstante, insuficiente porque, en cualquier caso, la posibilidad de éxito de una OPA por parte de los gigantes es casi del cien por cien.
Es la clave de los movimientos del sector financiero a nivel internacional: crecer o acabar por ser presa de los megabancos mundiales. Se lo dijo el ministro de Finanzas alemán, Hans Eichel a los presidentes de los cuatro grandes germanos: Deutsche, HypoVereinsbank, Commerzbank y Dresdner Bank. Cuidado con lo que puede pasar que para los gigantes, estas entidades son buenas, bonitas, baratas y, encima, saneadas. Atentos, pues. Y eso que Eichel hablaba con los responsables de entidades como la Deutsche, que a ver quién es el guapo que se mete con ellos.
Así pues, no es de extrañar nada de lo que está pasando. Porque en ese mundo financiero parece ser que el pez grande no tiene reparos en comerse al chico, al menos grande y al de su tamaño a poco que se descuide que, ya se sabe, entre banqueros anda el juego y a uno de roban la cartera sin que se dé cuenta.
Hace bien Botín en intentar que a él no se la roben. Lo extraño es cómo ha llevado a cabo la operación. Cada vez que se filtraban con cuentagotas noticias al respecto siempre se hablaba de bancos italianos o portugueses como los objetivos del banquero santanderino. Y no ha sido así. Se ha ido al mismísimo corazón de la City londinense. Desde luego el atrevimiento es mayúsculo, y le va a costar muy caro.
Botín va a tener que empeñar hasta las cejas para llevar a cabo una operación que, dicen, le va a costar unos 13.300 millones de euros. Pagará una parte de la misma canjeando acciones y procediendo a ampliar capital, y, la otra, en metálico, se comenta que “vendiendo” una empresa del Grupo. ¿Su participación en CEPSA a sus socios de la multinacional francesa Total? Botín no se lleva muy bien con sus responsables desde que los tiburoneó hace unos meses adquiriendo masivamente acciones. Pero, ahora, está en mejores condiciones que ellos para obligarles a adquirir acciones. Ya se dijo, en su momento, que tras esta operación había otra de mayor envergadura. Acertaron los analistas. Botín ya perfilaba la compra del Abbey y había calculado el coste de la misma.
Y si no es CEPSA será alguna parecida. Botín tiene, en sus participadas, el arma para hacer realidad su sueño y el de su padre. Convertir la entidad que preside en una de las mas grandes del mundo. Aún a costa de tener que pasar cien veces, si hace falta, por los juzgados, que eso le quita el sueño pero no le angustia.
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