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El juego sucio del PSOE
Antonio Casado
28/07/2004
Se entiende el cabreo de don Mariano Rajoy cuando denuncia el ensañamiento de los socialistas sobre el PP. Es correcto el principio invocado por el actual secretario general de este partido al reclamar juego limpio con el adversario político. Todos lo subscribimos. Pero estaría moralmente reforzada esa apelación si reconociera que denuncia lo mismo que su partido practicó en su paso por el poder.
Salvemos el principio: la lucha política no debe desbordar los límites de lo razonable entre dos partidos diferenciados en el objetivo de conservar el poder o recuperarlo. Nunca hasta el extremo de deslegitimar como alternativa al adversario, pues eso sería tanto como querer expulsarlo del sistema.
Hay ataques y descalificaciones inadmisibles incluso en campaña electoral. En la manía de desechar papeles inservibles en un cambio de época, aún ayer descubrí la siguiente frasecita en el argumentario electoral del PP (para uso de sus candidatos) del día 8 de marzo de 2004: "Hay que explicar a los electores que votar a Zapatero es dar alas a comunistas y separatistas".
Si repasamos las hemerotecas, el verbo furioso de José María Aznar, contra el que, según Rajoy, los socialistas han desencadenado una campaña de desprestigio, nos ofrece vivos ejemplos de juego sucio en política. Desde calificar a Zapatero de "antipatriota", "indocumentado", "desleal","irresponsable", "pancartero", hasta asegurar que una eventual victoria del PSOE en las urnas pondría en peligro la estabilidad de la democracia en España.
El hecho de que lo hiciera Aznar no justifica que lo haga, o lo autorice, para el caso es lo mismo, Rodríguez Zapatero. Cierto. Además el estilo de Aznar no es el de Rajoy. El actual líder del PP no suele desbordar los límites del terreno de juego en la pugna política. Pero debería admitir Rajoy que los socialistas han tragado estos años carros y carretas en materia de deslegitimación del adversario.
Por no hablar de las sutiles argumentaciones de Aznar que relacionaba al PSOE con ETA, siguiendo el rastro de Maragall, que a su vez emparentaba con Carod, mientras este hacía excursiones a Perpignan para entrevistarse con la cúpula de la banda terrorista.
Hubiera llevado ese discurso hasta sus últimas consecuencias si hubiera sido ETA la autora de la masacre del 11 de marzo. Cuando al menos las apariencias relacionaron la barbaridad no con el pacto Carod-ETA sino con el pacto Bush-Aznar, el discurso se le cayó encima. Por su propio enredo mental y no por una campaña de desprestigio de Rubalcaba y la Ser. Tampoco fue Zapatero quien pagó con fondos públicos aun conseguidor de medallas para Aznar. No fue Rubalcaba, ni Blanco quienes declararon que Aznar estaba en posesión de documentos confidenciales del CNI a su casa. ¿Por qué trasladar a otros la culpa de los propios errores?
OTR/PRESS |
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