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Encuentro con Ibarretxe
José Cavero
25/07/2004
Justamente en los días en los que celebra sus cien primeros días como jefe del Gobierno de la Nación y como inquilino de La Moncloa, y mientras sigue escuchando la crítica perseverante y global de sus adversarios políticos –no tiene programa, no se sabe a dónde se dirige-, José Luis Rodríguez Zapatero recibe este lunes al lehendakari vasco dentro de la serie de conversaciones que viene celebrando para restablecer y normalizar las relaciones que el Gobierno central pretende mantener con los gobiernos autonómicos que integran España. Pues bien, toca el plato fuerte de esos encuentros, con el jefe del Gobierno vasco, el peneuvista Juan José Ibarretxe.
Horas antes de una conversación que se espera que resulte crucial en eso nuevo entendimiento que se propicia, Rodríguez Zapatero ha explicado las tres esperanzas que tiene puestas en el encuentro: confirmar una relación normalizada y de diálogo fluido y permanente entre Gobierno de la nación y Gobierno vasco, proponer al lehendakari el reforzamiento de la lucha conjunta contra el terrorismo, "donde hay un espacio importante de colaboración para acabar con ETA", y en tercer lugar, el Plan Ibarretxe. Este tercer aspecto, para muchos analistas políticos y muchos políticos profesionales, es, sin duda, el punto crítico, el primero y más relevante de los aspectos conflictivos que han venido marcando en los últimos años las relaciones muy a menudo difíciles entre Madrid y Vitoria.
Zapatero no oculta su gran deseo, que trasladará a su interlocutor Ibarretxe: El Plan Ibarretxe, modo singular de reforma del Estatuto vasco que mantiene el lehendakari, "no es una respuesta ni un instrumento para la convivencia". Y a partir de ahí, anuncia Zapatero su propósito de hablar, de discutir ese Plan, sin introducir nuevos elementos de crispación. "Y le haré también al lehendakari una reflexión: su plan responde a un momento político determinado y ese momento ha pasado. Es un plan que en estos momentos ha perdido fuerza y sentido".
Es decir, pretende y aspira Rodríguez Zapatero que el propio lehendakari Ibarretxe admita y entienda que no hay, desde el Gobierno de la nación, el grado de confrontación y de resistencia frontal que se producía hace unos cuantos meses, con el Gobierno anterior, y que acepte y dé por buenas las muestras de entendimiento que se han empezado a producir sobre cuestiones pendientes y crispantes: el montante del cupo vasco, la financiación de la ampliación de la policía vasca, el pago de los costes originados por el chapapote del Prestige... Y sobre todo, esa disposición al entendimiento que parte de la filosofía expuesta por Zapatero cuando se trata proceder a la reforma de los estatutos autonómicos: el Gobierno central apoyará aquellos estatutos que hayan obtenido el más amplio apoyo de las fuerzas políticas representantes de la correspondiente comunidad. Salta a la vista que no es el caso del Plan Ibarretxe... Por todo ello, el encuentro de este lunes es, o pudiera ser, particularmente trascendente, y un formidable broche a las celebraciones de los cien primeros días que descrisparon la vida pública española...
OTR/PRESS
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