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'Realpolitik' para el Sáhara
Antonio Casado
23/07/2004
Hace unos días el director del 'Finantial Times' se refería a Zapatero, en la frontera de sus primeros cien días al frente del Gobierno, como un idealista del que cabe preguntarse si sobrevivirá a las realidades del poder.
Se puede predicar el idealismo del presidente en algunas de sus proclamaciones públicas. Como cuando dice que el poder debe estar en manos de quien no lo desea. No en otras. Por ejemplo, en el problema del Sáhara, respecto al que está desplegando toneladas de realismo.
¿Realismo o claudicación frente al furor anexionista de Marruecos? Hablamos de un territorio cuyo título de soberanía, a la luz de la legalidad internacional, está pendiente de un referéndum de autodeterminación de los saharauis. ¿Realismo o abandono de una causa con la que España está moral e históricamente comprometida?
Los esfuerzos por arreglar el contencioso tienen el paraguas de la ONU. Con su patrocinio ha de desarrollarse el proceso descolonizador pendiente desde que España abandonó apresuradamente el Sahara Occidental por el chantaje marroquí de la “marcha verde” (1975).
Su secretario general, Kofi Annan, le dijo hace unos días en Nueva York al ministro Moratinos que está de acuerdo al cien por cien con las iniciativas de España para desatascar el problema tras la renuncia del anterior enviado de la ONU, James Baker, impotente frente a la obstinación marroquí de no aceptar ningún plan cuyo desenlace contemple ni de lejos un Sáhara independiente de la soberanía alauita.
Justamente el plan de Zapatero pasa por un desenlace que no contempla esa posibilidad. Marruecos, encantado. El Gobierno español, movido por el benemérito deseo de no prolongar el sufrimiento de los saharauis en medio del desierto argelino, invoca el realismo y propone un régimen de autonomía, con un amplio y teórico autogobierno, pero dentro del Reino marroquí.
Probablemente sea la única salida realista. ¿Traición de España al pueblo saharaui?. Sólo en la medida en que el Polisario no se deje convencer de que esta fórmula es la mejor para su gente. Zapatero cuenta con Francia y Estados Unidos pero Argelia no acaba de verlo claro.
La diplomacia española se ha puesto en marcha. Al menos se le debe reconocer su voluntad de implicarse y no seguir siendo una mera espectadora de los esfuerzos de la ONU. Quedarse con los brazos cruzados hubiera sido la peor de las posiciones en estos momentos de bloqueo.
OTR/PRESS
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