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Cataluña, prima inter pares
José Cavero
22/07/2004
A muchos de sus propios correligionarios del PSOE le está pareciendo que Pasqual Maragall “se pasa muchos pueblos” con su reiterada pretensión de que Cataluña aparezca, del modo y manera que sea, como Comunidad Histórica diferenciada y singularísima en el conjunto de España. Estos correligionarios de Maragall aceptan que, en su momento, hace un cuarto de siglo, Cataluña, con Euskadi, Galicia y seguidamente Andalucía, ejercieron presiones y dieron toda una batalla política por la que se planteó como recuperación de derechos históricos que la guerra civil había cancelado. Por entonces, en efecto, era muy escasa o nula la conciencia regional de buena parte de España, frente a la que ya manifestaban catalanes, vascos, gallegos y parcialmente los andaluces. De hecho, fue toda una peripecia que correspondió afrontar al entonces ministro del interior, Rodolfo Martín Villa, compartimentar España en diecisiete autonomías o regiones con características propias más o menos diferenciadoras.
Se inventó la España autonómica, ciertamente, para cumplir con el “café para todos” que parecía imprescindible manera de satisfacer las aspiraciones históricas de catalanes, vascos y gallegos. Pues bien, aquel planteamiento lo vuelve a presentar Pascual Maragall cuando ya las circunstancias de han modificado de manera sustancial. Guste o no, se ha afianzado y consolidado la España autonómica, y a pocos complace la división entre las llamadas “nacionalidades históricas” y las otras. ¿Hay regiones españolas más históricas que las dos Castillas, Extremadura o Navarra? De ahí que al leonés Zapatero tenga que resultarle un trago difícil que aceptar y asumir que Maragall, a toda costa, pretenda imponer su criterio de que Cataluña no sea “una región autonómica más” de las diecisiete que componen el mapa español, sino una nacionalidad a la que tan solo falta la condición de Estado soberano.
Y eso tampoco lo entienden ni aceptan muchos otros socialistas por muy conscientes que sean de que el apoyo del 'molt honorable' y sus socios del tripartito catalán están resultando claves para la estabilidad del gobierno de la nación. Hay evidente preocupación entre los propios socialistas por el grado de “entrega” que Zapatero muestra a Maragall. Algo positivo hay, del encuentro del miércoles en la Moncloa: Cataluña se considera estado español y quiere participar en las grandes decisiones del Estado. Pero tan Estado como Galicia, Andalucía, las dos Castillas, Murcia o la Rioja. ¿Qué otra cosa aspiran a conseguir Maragall y sus socios de Ezquerra?
OTR/PRESS
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