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Los enemigos de Aznar
Fermín Bocos
23/07/2007
Casi nadie es profeta en su tierra y si alguien lo consigue suele ser después de muerto o cuando ya no hace sombra en el escalafón. Cuando se pierde el poder, la política pasa factura. No hay gran hombre o mujer universal a ojos de sus contemporáneos. La fama, el buen nombre, están siempre en boca de lo demás y ésa es un arma terrible en manos de los sicofantes, los amargados o simplemente los del equipo o partido rival. En la España reciente, Adolfo Suárez, y, sobre todo, Felipe González podrían escribir libros enteros al respecto. Por otras razones y salvando las distancias,algo parecido está empezando a pasar con Aznar.Quien todo lo había previsto para salir por la puerta grande de la historia - su retirada voluntaria del primer plano de la política nacional llegó a compararla ¡nada menos que con la del emperador Carlos V!-,está viendo como todo le sale mal.
Su gran error: meter a España en la guerra de Iraq,le hizo perder las elecciones al PP con lo cual, en lugar de salir por la puerta del Príncipe hubo de abandonar el escenario por la escalera de incendios, y, partir de ahí, nada de lo previsto ha funcionado: Europa a quien ha premiado a sido a Durao Barroso (el anfitrión ,por cierto,de la foto de las Azores) - y la América de Bush ni siquiera le reservó una columna en los periódicos tras su paso de conferenciante por la Universidad de Georgetown.
Para más Inri -visto desde su perspectiva-, resulta que quien creía haber llegado a la cima del mundo (recuérdese otra foto muy comentada en su día: Aznar colocando los pies encima de la mesa junto a los de su amigo Bush), ve cómo ahora, unos simples mortales, le reclaman que devuelva unos informes secretos del Centro Nacional de Inteligencia referidos al 11 M.
Papeles que obran en su poder según dijo el propio Aznar a una emisora de Colombia. No estoy en el secreto del pensamiento de Aznar pero no me extrañaría que hubiera tomado como una ofensa la nota de Alberto Saiz (director del CNI), en la que se los reclama. Pero la cosa no acaba ahí la cosa. Ahora, además, le exigen que aclare con cargo a qué partida se habría pagado una medalla que le fue impuesta en su día. Ya digo que sólo Aznar sabe lo que en estos momentos estará pensando Aznar, pero conociendo su acreditada pericia para llevar la cuenta de agravios (reales o imaginarios), convendría que la noticia de su retirada de la política estuviera contrastada. Lo digo pensando en la tranquilidad de sus enemigos.
OTR PRESS
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