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Déficit oculto
Ernesto Carratalá
22/07/2004
Si hacemos caso a las manifestaciones de Pedro Solbes, parece que el anterior equipo económico, el de Rato y Montoro, no practicó una política en materia presupuestaria tan ortodoxa como nos hicieron creer. A uno se le viene a la memoria las reuniones del ECOFIN, el Consejo de Ministros de Economía y Finanzas de la UE, en las que Rato criticaba a sus colegas francés y alemán “por alejarse de los objetivos de déficit público establecidos en el Pacto de Estabilidad de la Unión Monetaria”.
El entonces vicepresidente económico, hoy director general del FMI, parecía el alumno aventajado de la clase. Esa especie a caballo entre Jaimito y el pelota de la profe que regaña a los que han hecho mal los deberes. Hasta en eso, hasta en lo que parecía menos criticable, la política económica, se han acabado por descubrir importantes desaguisados que nos toca pagar, ahora, a todos loe españoles. España no iba tan bien. La economía no estaba tan saneada como nos hacían creer, con ayuda, claro está, de los medios de comunicación afines al pensamiento único. Se hicieron trampas en el solitario. Así, cualquiera se hace rico. Si yo no acometo mis pagos, seré millonario pero, a fin de cuentas, seré un moroso y, tarde o temprano, me arruinaré cuando tenga que pagar las deudas, que ésas acaban por abonarse. Se quiera o no.
Y ahora le toca “comerse el marrón” al actual equipo económico. Solbes y MAFO, - Miguel Ángel Fernández Ordóñez para los poco entendidos en las cosas del dinero -, ya lo han avisado. El déficit del Estado acabará, este año, en torno al 1-1.2%. El ejercicio siguiente se volverá a la senda del equilibrio presupuestario. Lo que quiere decir que en 2004 ha habido que hacer, al final, lo que aquí mismo avanzamos hace unas semanas: Solbes ha optado por sacar del cajón las facturas pendientes y pagarlas para poner el contador a cero.
Era una previsión lógica. Las normas para la confección presupuestaria y la determinación del gasto público, dictadas por Bruselas, prohíben el “desvío” u “ocultamiento” de esas facturas cuyo pago ha sido “aplazado”. Había que pagar una factura a Andalucía por la valoración de los servicios traspasados. Los “ minolles”, que tanta gracia nos hacen cuando los pide la caricatura de Manuel Chaves en esa genial parodia política y social llamada “Los Muñecos del Guiñol”, no forman parte del maravilloso mundo del humor, sino que son una realidad tan tangible que se han tenido que pagar, en billetitos contantes y sonantes.
Las deudas de RTVE, RENFE, y AENA. Las facturas sanitarias provocadas por el incesante crecimiento del gasto farmacéutico. Las pérdidas de las empresas públicas que ya no se pueden enjugar con los ingresos procedentes de las privatizaciones ya que ya no hay nada que vender. Los compromisos electorales contraídos por los socialistas y que hay que empezar a poner en marcha. Todo este cúmulo de circunstancias son las que han obligado a Solbes y a su equipo a tener que tirar del tan temido endeudamiento. No ha quedado otra alternativa.
Y, si algún milagro no lo remedia , - al Estado es muy difícil que le toque una “Primitiva” y, además, no lograría, con ella, pagar el importe total de las facturas pendientes -, ese déficit se verá incrementado con el que generen las administraciones locales y las comunidades autónomas. Total nada. Como para presentarse en Bruselas presumiendo de “equilibrio presupuestario” tal y como hacían Rato y Montoro.
Menos mal que, en el resto de los paises de la zona euro, las cosas están igual o peor. Y menos mal, también, que la actitud de Francia y Alemania ha permitido reconsiderar los postulados del llamado “Pacto de Estabilidad”, al menos en lo que al rigor presupuestario se refiere. Porque si no, el ridículo estaría asegurado.
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