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Juan Patricio Lombera / Escritor
“La muerte siempre es el heraldo del adiós y del dolor” El escritor mexicano Juan Patricio Lombera apenas acaba de presentar su última obra, titulada ‘Una noche con la muerte’ y ‘El discurso de los poderes’, cuando dicho escrito ya ha sido galardonado con un accésit del ‘II Premio El Espectáculo Teatral’; un evento convocado por Ediciones Irreverente. diarioDirecto 01/04/08 Además, con cada trabajo su obra se consolida en un lugar destacado en la colección de teatro de dicha editorial, junto a escritos de figuras internacionales del género como Francisco Nieva, José Luis Alonso de Santos, Fernando Savater, Ignacio Soret, Miguel Mihura y Lourdes Ortiz. En ‘Una noche con la muerte’ y ‘El discurso de los poderes’, Lombera, experto en el Siglo de Oro español, trata la temática de la muerte con gran clasicismo, a través de dos breves obras escritas de forma vanguardista.
diarioDirecto: Su última obra versa sobre la muerte ¿Qué diferencia puede establecerse entre el concepto español de muerte y el mexicano?
Respuesta: En el caso español, la muerte siempre es el heraldo del adiós y del dolor. En cambio, si bien ocurre igual en la vida cotidiana en México, no es más cierto que el día de los muertos no deja de ser una celebración festiva y jocosa en la que realizamos todo tipo de bromas. Asimismo, invitamos (simbólicamente) a nuestros difuntos a pasar unas horas con nosotros en un convite que incluye sus guisos y bebidas favoritas. Más aún, la muerte, como decía Rulfo, viene a ser un tránsito tolerable por su inevitabilidad, a diferencia del diablo, que genera miedo, o la divinidad, de la cual no nos sentimos dignos.
dD: Usted es experto en el Siglo de Oro Español ¿Qué influencia clásica del concepto de la muerte o de la postura humana ante en la muerte se puede encontrar en sus trabajos?
R: La muerte y más concretamente la muerte anunciada y conocida por el desdichado es un elemento clave a lo largo de toda mi obra. Gran parte de mis textos cortos, así como de mis obras de teatro giran en torno al hecho de que el protagonista conoce su destino y a partir de ahí y sólo en ese momento conoce su carácter auténtico, puesto que ya no puede seguir engañándose o, si bien sí puede, ya no tiene ningún interés en hacerlo pues su fin está cerca. Es entonces que se conoce el valiente y el cobarde, el traidor y el mártir.
dD: ¿Por qué la muerte centra gran parte de la temática de su obra?
R: En algún programa sobre Mishima oí que la diferencia entre el haraquiri y el suicidio consistía en que en este último siempre se perdía mientras que con el haraquiri se podía ganar a veces. No sé a que se refería exactamente el historiador con ganar, pero sí creo (sobre todo teniendo en cuenta mi calidad de ateo) que un buen morir puede justificar parte de una existencia. Si todo tiene un fin y conocemos la fecha de ese final lo único que nos queda es afrontarlo como queremos.
dD: En su carrera teatral, los guerrilleros son tan canallas como los representantes del Estado…
R: En mi obra existen dos tipos de guerrilleros. Aquellos que sólo están ahí para justificar los excesos de los gobernantes, como serían el falso grupo armado de mi novela ‘La rebelión de los inexistentes’ o la GPLU (Guerrilla del Pensamiento para la Liberación Universal), y aquellos que llegan a las armas porque no tienen otro camino, como ocurre con los propios inexistentes. En el caso de mi obra de teatro ‘El discurso de los poderes’, los guerrilleros que presento están directamente inspirados en las FARC y serían un ejemplo de los guerrilleros que sólo sirven para justificar los excesos del poder, que emplea los mismo métodos que ellos. En cambio, el atentado a una comisaría por parte de un grupo afín al Congreso Nacional Africano en el que murieron 17 policías o el intento del propio Mandela por formar, antes de su arresto, un grupo guerrillero, serían un ejemplo de los segundos.
dD: La crítica le compara con Rulfo ¿Qué nexos considera que les unen?
R: La crítica es muy generosa al hacer esas comparaciones. Dicho esto, el único nexo de unión que existe es mi gran admiración hacia él, a quien considero uno de los mejores escritores del siglo XX y quien ha influido bastante en mi obra. Ya quisiera yo escribir la mitad de lo bien que él lo hacía.
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