La popular obra "Las Leandras" en el Calderón de MadridEl Teatro Calderón de Madrid pone en cartel la popular obra “Las Leandras” del maestro Francisco Alonso, obra que marca de algún modo la frontera entre el género chico y la revista. Enrique Mejías/diarioDirecto 23/08/2005 En una época en que priman las recuperaciones del patrimonio lírico español de mediados del XIX con obras como
“El Juramento” (Gaztambide) o
“Mis dos mujeres” (Barbieri), es interesante que una compañía como Proyecto Verdi haya apostado por un título de Alonso, aparentemente popular, pero que incomprensiblemente no se ponía en cartel desde hace más de 40 años.
Decimos
“poner en cartel” porque es cierto que
“Las Leandras” es una obra grabada, incluso con versión cinematográfica –sólo recomendable para nostálgicos y amantes de lo kitsch-, pero que en teatro, desde esta perspectiva, hacía mucho tiempo que no se reponía.
Al hablar de
“revista” como género se tiende a pensar en un teatro vulgar, soez incluso, lleno de chistes de brocha gorda y con tramas poco elaboradas. El libro de
“Las Leandras”, sin embargo, rebosa ingenio, que divierte hoy igual que ayer, lleno de chispeantes diálogos y de dobles sentidos. Gracias a estos valores podemos explicar la buena acogida de estas representaciones en el Calderón. Los actores cómicos, no lo dudamos, han sido los grandes triunfadores; han sabido dar a cada uno de sus personajes el carácter adecuado, el justo matiz, sin recursos ordinarios o banales exageraciones. Se trata de
Emilio Gavira (Porras),
José Alberto García (Leandro),
José Luis Gago (Francisco),
Amparo Madrigal (Manuela) y
José Ramón Iglesias (Casildo). Mención aparte merece
Carmen Márquez como Fermina, que estuvo deliciosa, absolutamente exquisita, siendo soprano y, por tanto, nada acostumbrada a papeles totalmente dialogados.
No ha sido la propuesta escénica de
Carlos Durán una de esas producciones clásicas de revistas hechas por y para el lucimiento de la protagonista. Aquí, Concha y Aurora, eran dos personajes más de esta locura teatral que
Muñoz Román llamó
“pasatiempo cómico-lírico en dos actos”. No es una montaje de plumas y pasarelas por donde descender luciendo palmito como hicieran
Celia Gámez o
Maria José Cantudo. Estas Leandras han sido
“azarzueladas”, y el elemento revisteril-sicaliptico ha quedado muy diluido. Mejor o peor, podemos afirmar que este es el camino de recuperación de un género que nació para ostentación de figuras paradigmáticas de nuestro teatro, pero que ahora, no sabe por donde caminar. Hacer revista en el siglo XXI; difícil cuestión que se deberá seguir ensayando.
En lo musical, a nuestro parecer, no se ha estado tan afortunado y la dirección de
Luis Remartínez pecó quizás de demasiado anodina, poco atrevida, exenta de esa
“chispa” que el maestro Alonso daba a todas sus piezas frívolas. Aún así, fue lo más recomendable para arropar a voces como las de
Gemma Castaño y
María José Santos de Dios, poco líricas y que optaron por un canto de resonancia de pecho, natural, como debe ser en este género, favoreciendo así el mejor entendimiento del texto y una mayor gracia expresiva de la música. Entre el público hubo quien dijo que no se las escuchaba bien, pero un servidor asegura que sí se oía y que fue posiblemente la mala acústica del Teatro Calderón la que jugó una mala pasada a todos los que se sentaron en patio de butacas esperando una mejor audición.
Hay poco más que añadir a este comentario: los decorados de
Pablo Gago fueron sencillos, poco llamativos, aunque efectivos para la argucia dramática. Los vestuarios del mismo artista en una línea muy tradicional también, sin más. El recurso de las imágenes proyectadas sobre el fondo es útil en algunos números como
“Los nardos” o
“Las viudas”, siendo un elemento más de atrezzo en la mayor parte de la obra donde aportaba poco y podía haber sido más aprovechado: ¿unas proyecciones del Madrid de 1931?
En definitiva, este tipo de montajes son necesarios; se puede salir más o menos airosos, pero es muy interesante ir recuperando un género lírico lleno de obras valiosas y que las nuevas generaciones tenemos derecho a conocer. Me vienen a la cabeza
"Cinco minutos nada menos" o
"Las Corsarias”... Alegrémonos, por tanto, de que alguien ya haya dado el primer paso y que todo no quede en una mera intentona.