El mercado de los famosos Lorenzo Bernaldo de Quirós
27/04/07 Durante los últimos años, los múltiples programas del corazón han fabricado un colectivo, los famosos, que congregan enormes audiencias televisivas y, en consecuencia, obtienen pingües ingresos. ¿Por qué la fama está separada del mérito? ¿Por qué interesa más a la gente la vida de
Belén Esteban o
Dinio que la de
Delibes o la de
Antonio López por citar dos ilustres antípodas de esos peculiares primates? ¿Estamos ante una degradación imparable de los valores culturales de la sociedad española? A estas preguntas se suele responder con sesudos análisis sociológicos, morales etc. pero la teoría económica ayuda a entender con fría lógica esa patología.
Las tácticas de movilización y coordinación para fabricar "
famosos" y venderlos en el mercado incrementan el valor relativo de los héroes simples. La cuestión no es que muchos telespectadores tengan gustos morbosos o degradados ni importa cuan malo o cuan bueno sea el paladar de las masas para que un desproporcionado número de estrellas nazcan y se desarrollen en los niveles más bajos del escalafón de la popularidad. La razón es clara y diáfana. Es mucho más fácil aglutinar una multitud de individuos alrededor de asuntos simples y de comprensión sencilla que entorno a los que presentan una mayor complejidad. En este contexto, la programación rosa focaliza sus mensajes sobre temas visibles, cercanos y simples de gentes, aunque parezca ridículo, cercanas a las posibilidades e inquietudes vitales del espectador medio. Muchas personas son capaces de identificarse con Belén Esteban, pocas con
Pablo Picasso.
Por esta razón, a pesar de su apariencia truculenta y extraordinaria, el tipo estándar del mercado de los "
famosos" tiende a ser un ciudadano normal, uno de los nuestros, con cuyas vivencias es posible establecer una identificación. Esos nuevos héroes y villanos pueden ser la vecina y/o el vecino del Los nuevos
"famosos" han desplazado en muchos casos a los grandes hombres del pasado -políticos, artistas, escritores etc- y son hoy personajes admirados u odiados por millones de españoles. En España, la muerte de
Carmina Ordoñez atrajo más atención que la de la
Madre Teresa de Calcuta.
Cuando la fama se divorcia del mérito, la gente no asocia la primera a ninguna de las virtudes y/o de los defectos tradicionalmente ligados a ella. Los famosos se convierten en referencias sociales despojados de cualquier elemento objetivo o de cualquier criterio moral al uso. De hecho crean estándares propios. En este marco, las celebridades de la telebasura llevan camino de transformarse en iconos o en modelos de comportamiento para amplios sectores de la sociedad española. Desde esta óptica, los programas rosas constituyen un poderoso instrumento de subversión, si todavía tienen alguna vigencia, de los patrones éticos clásicos lo que no implica realizar ninguna valoración normativa sino simplemente señalar un hecho. La oferta de basura crea y alimenta su propia demanda. Esto significa que el mercado de la fama presenta numerosos fallos, esto es, que no funciona de una manera eficiente.
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